jueves, agosto 18, 2011

Día de Sacarles Punta a los Lápices

Tengo colecciones de lápices que voy usando poco o mucho según la época. Hace tiempo que tengo medio abandonados a los negros de grafito, que viven en su lata original desde hace varios años y ya están muy cortos de tan usados. Son una familia: desde el durísimo 3H hasta el 7B, que dibuja casi como una carbonilla. Después tengo los acuarelables, que son los que más estoy usando este año. Me gusta dibujar y pintar planos lisos de color y después ir tirando agua por partes para terminar el dibujo con pincel. Aparte tengo miles no acuarelables muy buenos y una caja de Caran D´Ache negra y dorada con diseño art déco de doce lápices de color pero dorados por fuera. Soy tan grasa que cuando los uso me siento Donatella Versace o Paris Hilton, asi que los mezquino para que no se gasten. Están casi nuevos. También tengo unos lápices de tiza preciosos de varias marcas, casi todos italianos. Esos dibujan opaco, cubren enseguida con una capa de color denso, y al terminar hay que tirarles fijador para que no se vuelen las partículas y se desdibuje lo que pintaste.
Hay un día en que me agarra un ataque de sacarles punta a todos. Mi apá me enseñó eso. Una noche cualquiera me hacía poner todos mis lápices (que eran doce Staedtler que me había mandado mi abuela alemana) sobre la mesa del comedor y les sacaba punta con una gillete sobre un papel de diario. Mientras tanto me decía que esa era la manera correcta de sacarles punta a los lápices, no con los berretas sacapuntas que dejan la punta cónica y áspera. Sólo la gillete podía hacer ese tallado como cuñitas y el raspado final de la mina hasta terminar en una punta larga y afiladísima. Yo lo hago con un cutter porque la gillete ya no existe. Es una pena, porque además de dejar los lápices preciosos te dejaba el costado del índice lleno de cortecitos superficiales como un carpaccio de dedo.


viernes, agosto 12, 2011

Todo vale

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Lo que te parece desechable, insignificante, inservible, para otro puede ser un tesoro. Nunca desprecies nada, ni siquiera una pelusa del ombligo: todo tiene valor para alguien.
La uña que te cortaste, voló por el aire y no pudiste encontrar encima de la mesa ni debajo del sillón puede ser algo tan fantástico como ganarse la grande de Navidad, el loto y el quini 6 todo junto de un saque. Sólo hay que encontrar al interesado, y eso depende del azar.

-Iupi! Me salvé para toda la vida! dijo la hormiga que encontró mi medialuna de uña del dedo gordo detrás de la cortina.

Se le hacía agua la boca pensando en el banquete de queratina y células epiteliales córneas que se iba a dar en cuanto llegara a su cueva.
Tironeaba con todas sus fuerzas y pensaba que bien valía el esfuerzo, porque no todos los días uno encuentra algo precioso y en buen estado tirado por ahí. Hasta que apareció la muerta de hambre de su prima relamiéndose y frotándose las manitos.

-Te ayudo?

domingo, agosto 07, 2011

Mirame este piojo


Es de la cabeza de Lucio (nieto #1). Algunos domingos me deja que le pase el peine fino con vinagre tibio y que le saque coleópteros, arácnidos y larvas que observamos espantados gritando y rascándonos de la impresión. Hoy rescaté uno que nadaba pecho tratando de alcanzar la orilla de la fuente de loza donde sacudo el peine y lo subí a un portaobjetos para mirarlo en mi microscopio.
En la foto no se ve, pero agitaba las antenitas, abría y cerraba las pinzas de las patas y algo líquido se desplazaba por su tubito digestivo en sentido norte-sur, es decir, hacia el culo, con los típicos movimientos peristálticos que hacen las tripas. Uno agoniza, está condenado, se muere, pero los trabajos internos siguen su curso impávidos, como si no se enteraran. El alimento que estaba procesando era la sangre que acababa de chuparle a Lucio de la cabeza durante la siesta.