jueves, enero 11, 2007

Los jacarandaes no jacarandean más. Sólo quedan algunas florcitas solitarias, machucadas.
Tal vez no esté tan mal, porque en la época en que florecen y cubren el piso de violeta suelen ocurrir las tristezas más grandes (separaciones, desilusiones, rupturas).
Se sabe que el jacarandá florecido es muy malo para el amor.


lunes, enero 08, 2007



Para que no me vuelvan a pedir ninguna receta, acá tienen dos imágenes verídicas de la comida que hice el domingo a la noche. Espero que con esto escarmienten.

Es verdad que me había pasado todo el día leyendo y escribiendo y me sentía más Simone de Beauvoir que Ketty de Pirolo, más Marta que Magdalena, más Beatriz Sarlo que Casa Foa, pero igual lo que hice es una aberración sin nombre.

A las 11 de la noche nos agarró hambre y sacamos lo que había en la heladera. Como no hay ningún chico viviendo en la casa nos estamos transformando en una especie de Unabomber, dos viejos desarrapados y excéntricos, y comemos lo que hay. Nuestro único límite es que no esté cubierto de moho por completo.

Anoche encontramos estos restos mortales de lo que alguna vez fueron tres salchichas y a mí se me ocurrió hacer unos papines rellenos con queso de kefir, un arrebato típico mío, una exhuberancia inoportuna, una crisis de dollyirigoyenismo después de la bomba de neutrones. Si me hubiera limitado a hacer una ensalada todo hubiera sido más sencillo pero más digno, pero no fue así.

Después de hervir las papitas tiré los cadáveres de las salchis en agua caliente para que recobraran forma humana y mientras tanto fabriqué un relleno con el kefir, aceite de oliva y pimienta. Cuando las papas estuvieron cocidas las corté y traté de rellenarlas pero en contacto con la papa caliente el queso se disolvió, se transformó en un líquido oleoso y las papas patinaban en él irremediablemente.

Comimos ese horror medio frío en el balcón y después tuvimos la mala idea de ver una peli de Kurosawa que nunca habíamos visto. Era sobre un grupo de marginales que viven en una especie de villa miseria pero japonesa. Los subtítulos estaban en italiano. Era un bajón terrible: una japonesa se moría de tuberculosis, otro era Toshiro Mifune y había un viejito bueno que los iba transformando a todos en japoneses buenos. Eso creo, porque nos quedamos dormidos antes de la mitad.

Todo eso nos pasó porque el sábado al mediodía tuvimos la fantasía perversa de ver unos discos de Sandro que me regaló M.4. Son sus canciones extractadas de películas que filmó cuando todavía tenía un poco de tejido pulmonar sano. Es tan, pero tan impresionante oírlo, verlo mover la pelvis y volver a ver esos actores, esa ropa, ese maquillaje, que quedamos deprimidos todo el fin de semana. Claro, después era inevitable seguir derrapando en la ignominia.


Acá está ubicado el argolito que vibra y suena. Es muy fácil encontrarlo pero además hay miles como él distribuidos por todas las plazas de Buenos Aires. Debe ser el árbol más vulgar del mundo.

Hoy pasé cuando iba al Melba. Eran las 6 de la tarde y el sol ya no le daba de pleno. Me quedé un rato parada al lado arriesgándome a ser vituperada por un grupo de fumones acostados en el monumento a Artigas. Pero el árgol no vibraba ni reflejaba ni nada. Tampoco sonaba, porque no había viento.

Las tres o cuatro veces que hizo su performance alucinógena era el mediodía o cerca del mediodía. Se ve que después de esa hora la luz se desplaza ya no lo ilumina y se transforma en un árbol común y silvestre.

Acuerdos muertos


Si no salía del río
quería sentarse en el medio,
sentarse sobre mí.
Es como detener contra años
en el centro un acomodo,
nunca a un lado,
como ponerlo en soledad del corazón,
en lo más manso,
como pensar que todavía ayudarnos
a los que están cansados.

Recuerdo repugnante
y destinos dobles en recuerdo.
Nada menos sobre Guillermo sentarse.
Como sentarse sobre el brillo por los saldos.
Tiene caballos Duncan Amador y
necesita las bases campesinas.

Común y plantones en esos dos años.
Los restos del negocio del amanecer
y unos candidatos con rasgos descendientes brasileños
les provocaron hijas y nacieron cuchillos.

Se pueden contar por el medio,
contar por alimentos.
No son iguales los insecticidas,
de millones de años a estos procedimientos asesinos,
con las manos abiertas y mirando las ciencias.

De qué dos delitos, las rodillas vistas blancas.
Negro, el patrón se lo curó mirando el aire
por hablar de deportes de 8 a 3
bajo el cielo gris perla súbita del cielo.

Hubo desarrollos unitarios,
se acerca julio y me dice qué trabajo será el agua
para pasar debajo de la piedra.
Mejores diez, un camino, las cívicas celestes en la noche.
Qué trabajo será el agua,
qué trabajo será el hombre.

domingo, enero 07, 2007

Invitados a una decapitación

A todas las estatuas y los bustos les fueron arrancando los pedazos vendibles para hacerlos guita. La consecuencia es que todos los parques de Buenos Aires están llenos de pedestales vacíos y de personajes anónimos. Éste es una de los pocos bustos con cabeza que quedan. Lo hizo Menchi Sábat y es una donación de la República Oriental del Uruguay. No se la afanaron porque le hicieron un corralito alrededor. Pero ahora no se sabe quién es porque se chorearon la placa con el nombre.

Vegetales alucinógenos en Palermo



En las plazas de Palermo hay unos árboles extraordinarios.

Una vez me había quedado paralizada frente a uno de ellos pero pensé que era un problema mío. Ayer lo encontré otra vez y confirmé que el raro es él. Tiene varios hermanos alrededor y todos tienen el mismo comportamiento.

Las hojas tienen un dorso verde brillante y una panza blanca opaca. Eso hace que al moverse con el viento brillen como lentejuelas, pero como lentejuelas frenéticas, como si un gran corpiño de vedette hubiera crecido de la tierra y se sacudiera incansable al ritmo de un mambo. El reflejo hace un efecto de vibración visual tan intenso que uno se siente como si se hubiera tomado un ácido de los buenos (de los que había hace 35 años, no una de las garchitas masticables que hay ahora). No me sorprendería si le provocaran una crisis epiléptica a alguien predispuesto. Te deja el cerebro scintillando por media hora por lo menos.

Además, por una rara característica estructural, cuando las hojas y los tallos se agitan producen un sonido increíble, crocante, como un gran sonajero arrullador. Es un sonido envolvente, mesiánico, que no se sabe de dónde viene y da ganas de tirarte ahí nomás donde estás y quedarte dormida. Lo hubiera hecho pero justamente en ese momento había una jauría de perros cagando alegremente a lo largo y a lo ancho de la plaza y por el momento preferí seguir caminando.

Hoy volví a pasar porque me quedé pensando. Como no había sol ni brisa parecían árboles comunes, correctos y serios como todos los árboles. No brillaban ni sonaban. Pasé varias veces alrededor del primero que conocí para ver si hacía algún sonido mínimo, pero no: estaba mudo.

Les recomiendo en serio que tengan esa experiencia un día de sol y brisa.

sábado, enero 06, 2007

Rastros


A cada rato se ven en la calle zapatillas, zapatos y ropa tirada. Yo me paro, miro bien para descubrir un detalle revelador y miro alrededor para ver si puedo saber qué pasó No entiendo cómo alguien puede perder los dos zapatos en la calle.
Antes cuando uno encontraba documentos enseguida sabía lo que había pasado. La gente los tiraba y gritaba su nombre cuando lo estaban metiendo en un Falcon, para que los transeúntes avisaran a la familia.
Cuando uno sufre un shock los pies se contraen y pueden salirse de los zapatos. Yo estuve en un accidente espantoso cuando tenía 17 años y todos salimos arrastrándonos y en patas. Era impresionante ver los zapatitos fijos como pegados en el piso y la persona tirada al lado, descalza. Era como las historietas de Billiken, cuando los personajes se sorprendían y saltaban hacia atrás dejando los zapatos en el piso y decían –Plop!
A veces parece que alguien hubiera sido atropellado por un auto y sus zapatos hubieran quedado ahí, pero eso tampoco es posible porque cuando uno carga en la ambulancia a un accidentado levanta todas las cosas que llevaba.
Cuando voy a caminar siempre encuentro cosas y después sigo caminando pero un poco preocupada –Dónde estará ahora esa persona?, me pregunto, –La habrán matado? –Volverá a aparecer? –Simplemente tenía calor y se sacó la camiseta y la tiró por ahí? – Y por qué nadie levanta y se lleva esa ropa, siendo que a alguien le puede venir tan bien? –Serán hechizos que nadie quiere tocar?
Son preguntas vagas que se me van disolviendo con el cansancio y nunca tienen respuesta.
Una vez encontré una remera nueva y muy buena aplastada por los autos en la calle.
Hoy a la mañana encontré este par de zapatillas perfectas en una plaza. No había nadie alrededor.

viernes, enero 05, 2007

Informe esclarecedor para aquell@s que creen que la erección se debe a un hueso retráctil.


El pene de los mamíferos está formado por dos cuerpos cavernosos colocados como los cañones de una escopeta, y un cuerpo esponjoso que termina en el glande.
El surco longitudinal que se ve en la cara inferior es la unión de los dos cuerpos cavernosos. Por allí pasan los nervios, las arterias y las venas que alimentan de sangre y de impulsos nerviosos al órgano. Debajo de la piel hay una capa formada por tejido conectivo y músculo liso (es decir, de acción involuntaria), llamada fascia de Colles. La capa inmediata inferior es la fascia profunda, o fascia de Buck, una membrana resistente que rodea a ambos cuerpos cavernosos y al cuerpo esponjoso de la uretra pero no llega a cubrir el glande. Finalmente encontramos la túnica albugínea o vaina fibrosa, que forma la pared externa de los cuerpos cavernosos y tiene un papel muy importante en la erección. Este tejido alcanza rápidamente su límite máximo de expansión y produce la rigidez peneana.
El tejido eréctil es la parte fundamental de los cuerpos cavernosos, que a su vez están envueltos por los músculos isquiocavernosos y bulbocavernosos. El tejido eréctil funciona como una esponja. Está formado por trabéculas que tienen fibras musculares lisas, (es decir, de funcionamiento involuntario) rodeando espacios lacunares.
El cuerpo esponjoso rodea la uretra (el tubito por donde pasa el pis) y tiene dos dilataciones: una anterior, que es el glande, y otra
posterior, que es el bulbo uretral, una estructura muy vascularizada.
La respuesta eréctil es un fenómeno eminentemente neurovascular, controlado por los sistemas vegetativo o autónomo y cerebroespinal o somático. El principal controlador de la erección es el sistema autónomo con sus dos vertientes: simpático y parasimpático. La erección es el resultado de mecanismos reflejos integrados a nivel medular, que pueden desencadenarse por estimulación psíquica y/o refleja. La de origen psíquico se produce por estimulación de los sentidos o por fantasías sexuales.
La de origen reflejo deriva de la estimulación exterior de los genitales. Los dos sistemas actúan sinérgicamente para producir la erección, aunque funcionalmente sean independientes. La estimulación aislada de los órganos genitales no siempre producirá una respuesta erectiva, ya que estos estímulos son integrados en niveles cerebrales superiores, donde se discrimina la calidad del estímulo, y en este punto actuarán factores de orden emocional, afectivo y erótico que pueden actuar facilitando o inhibiendo la repuesta.
El primer paso en el proceso de la erección es la dilatación de las arterias del pene, lo que produce aumento del flujo sanguíneo arterial y en consecuencia acumulación de sangre y aumento de la presión dentro de los espacios lacunares. Esto produce la compresión de las venas emisarias que corren entre ellos, lo que impide el vaciamiento de estos espacios y mantiene la erección. A este proceso se le llama fenómeno corporo-veno-oclusivo y como se comprenderá, constituye uno de los factores de mayor relevancia en el desempeño sexual masculino. En individuos sanos el flujo de las arterias cavernosas puede aumentar entre 20 a 50 veces. En estado de flacidez el pene presenta una presión intracavernosa que fluctúa entre los 10 y los 20 mm de mercurio. En la fase de tumescencia (cuando se inicia el proceso erectivo), la presión intracavernosa se eleva hasta aproximadamente los 75 mm. Durante la erección, la presión se eleva entre los 100 y 120 mm. En su estado de plena rigidez, la presión intracavernosa puede ser hasta 10 veces más alta que la presión arterial máxima.

miércoles, enero 03, 2007

Mais umo

Mais um pasarinho

Um pasarinho


Ayer a la mañana estaba escuchando a Marisa Monte cantando Pasarinho cuando me llamó a los gritos O., la señora peruana que viene a la mañana a romper los vasos y a echarle lavandina a la alfombra.

Corrí a ver qué pasaba y la encontré con un repasador en la mano a punto de asestárselo a un pajarito minúsculo que revoloteaba frenético entre la biblioteca y las cortinas y no le embocaba a la ventana abierta.

No sé si O. pretendía dirigirlo hacia la ventana, atontarlo o matarlo para hacerlo en un guisito, pero la disuadí y logré que me dejara sola con él. Me paré lejos de la ventana para no ahuyentarlo y sin moverme le hablé despacito, suavemente. Se tranquilizó y fue saltando de un mueble a otro, cagando un poquito en cada parada. Yo tenía miedo de que se diera un saque contra un vidrio, cosa que los pasarinhos hacen cuando están encerrados en una casa. Como siempre tengo la máquina a mano pude sacarle dos o tres fotos antes de que se volara. Creo que era una ratona.

Relaméos

lunes, enero 01, 2007

Todos los rituales de fin de año me salieron deformes



1. Ritual de la bombacha rosa. Mi mamá rompe los quimbos con el asunto de la bombacha rosa. En octubre ya empieza a preguntar quién le va a regalar una, si ya me regalaron, a quién hay que comprarle, de qué tamaño, y eso se extiende hasta el mismo 31 a la noche. En noviembre me regaló una y yo, presionada por ella, compré tres o cuatro más para todas las Nenas de la casa y alguna extra para una posible invitada desbombachada y las guardé en una caja. Pero el sábado vino Visitación a planchar y cuando se iba le pregunté si tenía bombacha rosa. Me dijo que no y que iba a comprar una mientras volvía a su casa. Pero para que actúe debe ser regalada, así que le di una de las que estaban en la caja. Cuando me bañé y me petalicé preparándome para la fiesta y llegó el momento de ponérmela, descubrí que le había regalado la mía. Durante la noche mamá me preguntó tres veces –te pusiste la bombacha? y yo, como ese personaje bíblico que no sé quién era, le mentí las tres veces. Todo el tiempo pensaba si me iba a traer mala suerte no tener la puta bombacha rosa.

2. Ritual de las doce uvas. Con ése rompo los quimbos yo. Me encanta la idea de concentrarse y pensar 12 deseos para el año nuevo. Esta vez había pasas rubias, negras y bañadas en chocolate. Me había olvidado de comprar uvas frescas. Las puse en la mesa, en el balcón, pero nadie les daba bola. Yo traté de hacerlo como a las 12 y media pero tenía ganas de comer pasas de uvas y las comía sin ganas y además me distraje y perdí la cuenta. No sé si comí 9 o 16, pero sobre todo no tenía taaaantos deseos para pedir. Creo que en el deseo seis se me acabó la imaginación y empecé a repetir los mismos, pero entonces me preguntaba si pedir dos veces lo mismo no anularía los dos, como pasa con eso de - x - = + y + x + = +.

3. Ritual de brindar mirándose a los ojos. Todos nos atropellamos con las copas porque algunos creen que hay un orden que indica una preferencia o más amor, o algo, y se ponen celosos. Era difícil mirar al compañero brindador porque al mismo tiempo otro lo estaba incitando con su copa, como esos bailes nupciales de las cacatúas, entonces algunos exigían repetir el brindis, pero esta vez mirándose fijamente con la cara de loco que se le pone a uno en esos casos. Brindé como cuatro o cinco veces con cada uno, hasta que el champagne estuvo tibio.

Todo lo demás también salió mal.

1. Me olvidé de sacar el salmón del freezer una hora antes para que se pusiera rico. Lo saqué cuando ya estábamos por comer y lo descongelé a patadas con agua tibia. Parecía un nuevo sabor de Freddo.

2. Éramos siete y teníamos sólo seis copas de champagne, pertenecientes a cuatro juegos distintos de distintas eras geológicas. Uno tomó en una copa estrafalaria heredada de una tía muy kitsch.

3. El postre era dos kilos de cerezas bien frías con hielo. Nadie las probó, no sé por qué. Yo los arengaba para que las comieran, pero todos se resistían, como Alonso cuando se niega a ser vegetariano y le hace cara de asco a la espinaca. Entonces les di helado que había quedado en el freezer desde Navidad.

4. El vithel tonné quedó maso. La salsa estaba medio durañona y vedia y las horas de la heladera le dieron un aspecto medio mortuorio. Igual a todos les gustó mucho.

5. Esta vez las recagué a las hormigas: dejé todo en la heladera hasta el minuto final y se quedaron con hambre. Yo vigilaba que no atacaran el turrón, pero ni aparecieron. Deben estar haciendo la digestión de la panzada que se dieron en Navidad.

Montgolfieros


Preparé el fin de año distraída. Tenía demasiado calor y fiaca, con ganas de estar sola con M.4, escribiendo y leyendo todo el día como estamos hoy, maravilloso lunes que va a acortar otra vez la semana.

Igual, me encantó que vinieron B.1 con R. y B.2, además de la dotación estable de viejas que no podemos eludir.

B.1 parecía estar under the influence de algo interesante. Salió en todas las fotos con una cara de degenerado terrible y los ojos desvariantes.

Las viejas se escondían en el living porque tenían miedo de los cohetes que acá, en el piso 14, se ven y se oyen como si chocaran los planetas.

Todos los 31 de diciembre me imagino que mimetizado de fuegos artificiales está habiendo un ataque nuclear o de extraterrestres y que los humanos no nos damos cuenta. Después me imagino que durante la noche se nos cae la piel a pedazos o que tenemos hemorragias internas y que nos morimos sin saber qué fue lo que ocurrió. Anoche me desperté varias veces sobresaltada por sueños que tenían esos ingredientes, mezclados y batidos con otras persecuciones que sueño desde hace 30 años y que ya no me asustan ni me entristecen porque me acostumbré a que sean parte de todas mis noches para siempre.

Los vecinos del piso de abajo, R. y R., estaban con la mamá de uno de ellos y lanzaron un globo de esos divinos, de colores con fuego abajo. M.4. sostiene que se llaman montgolfieros. Nosotros no le creemos que se llamen así –hasta lo buscamos en el diccionario y no existe- pero nos encanta el nombre y lo repetimos todo el tiempo. Yo quisiera tener uno y hacerlo volar una noche, aunque no sea en ocasión de nada.

Enero otra vez


Ahora viene lo bueno: todos los lemmings se van a hacer cola a los aeropuertos y a los restaurantes de la costa y nos dejan la ciudad vacía.

Creo que así empezó este block, con un post sobre lo lindo que es enero en la ciudad. (Eso quiere decir que cumple un año. Debería festejarlo?)

Empecé enero y el año caminando y correteando un poco. Salí a las 11 -mala hora- y volví a las 12 con dos kilos menos, sin potasio y sin magnesio en la sangre, medio deshidratada. Cuando yo salía, los caminadores responsables ya volvían. En la calle sólo había malhumorados paseando perros.

Al volver subí la escalerita que lleva a Gelly y Obes y recorrí esa cuadra que conecta con Galileo. Se oían guarañas, chamamés y cumbias. Los garages estaban abiertos y todos los porteros estaban en la calle conversando entre ellos. Algunos hurgueteaban dentro de autos sacudiendo alfombritas o investigando los motores, como les gusta hacer a todos los hombres normales cuando es feriado. Todos tenían la radio prendida a todo dar aprovechando que los dueños de los departamentos están en Punta del Este o en el campo. Ese pedacito de calle era como de otro barrio hoy a la mañana.

Cuando llegué hice un agüita de duraznos y damascos y la puse a enfriar en una jarra grande en la heladera.

Frutas beodas


Cualquier fruta se zambulle en algo alcohólico y sale algo bueno.

Pero a mí me gusta hacerlo con cerezas porque son la única fruta que me vuelve loca. Lo que mejor les va es el kirsch y la grappa blanca.

Lavo y seco muy bien las cerezas, les saco el cabito sin magullar la piel y las voy tirando en una botella de boca ancha donde trasvasé el kirsch. También se puede usar un frasco. Después envuelvo la botella en aluminio para que quede en la oscuridad y la dejo en un lugar fresco. Dos meses después se pueden usar las cerezas como uno quiera. A mí me gusta sacarlas y comerlas así, tal cual, a partir de marzo, cuando empieza el frío.

También se puede hacer algo más complicado: licor amarena y cherry. Hace dos años hice cherry y todavía nos queda una botella. Es impresionante de rico. Si quieren les doy la receta.

Una paciente italiana me enseñó a hacer uvas en grappa. Se usan las uvas verdes de esta época, las chicas dulcísimas duritas, y se les hace lo mismo (lavado, secado, despalillado) pero se las pone en grappa blanca. Ella me dijo que en invierno la mamá les daba a ella y al hermano una uvita engrappada todas las mañanas cuando iban al colegio, para que no tuvieran frío. Me pareció muy simpático y desde entonces lo hago todos los años. Pero no les doy las uvitas a los chicos sino que me las zampo yo una a una a lo largo de todo el invierno.

Funcionamiento nocturno



sábado, diciembre 30, 2006

Enorme Argentina en


Elevaron transportistas del salario,
iba a romper la bola en este stand
todo lo largo.

De este martes, una,
y en lo más alto de su bienvenida.
Todo lo largo de este martes
y lo mejor del aliento en este instante,
todo lo largo de sus hilos.

Del viento, correr es norte
y como echaba haciéndole saltar blancas Antillas
para un largo salto
con sus plumas blancas.

En un instante, sólo un instante plumado y silbante
dividido pasar de mi incidencia.

Lo que se acaba es el año, no el mundo



Todos llegamos juntos al final de la curva descendente y nos caemos de la esfera resbalosa que es el año viejo.

En el Titanic, vendría a ser cuando el paquebote se clava de popa y todos caen como peras maduras, la gorda Winslet y el grasa de Di Caprio all inclusive.

El jueves a la noche estuve en Palermo Hollywood, SOHO o Tribeca, como se llame ahora. Es una especie de kermesse chapoteando en un océano de sudor y cerveza. Pasaban pies horrendos atrapados en sandalias, piernas atroces asomando debajo de bermudas y semipantalones, axilas chorreantes, maquillajes corridos y narices lustrosas. Había mucho ruido, muchos maxilares trabados y miradas anhelantes.

Fui con mis tres amigas del Goethe a festejar, como todo el mundo, que el año se está por terminar. Nos preguntábamos por qué será que todos se apuran a verse “antes de que termine el año” y no encontramos ninguna respuesta. Fuimos a un lugar llamado Acabar, donde se come y se juega a juegos. Está decorado en una onda kitsch y hay una impresionante cantidad de decibeles rebotando en las paredes.

AA nos regaló una barrita de caramelos La Yapa a cada una y G. nos regaló dos CDs grabados por ella con una selección de temas a medida para cada una. Yo les había llevado Crazy Dips, que me encantan.

Comimos bastante rico y al final el mozo nos sugirió que pidiéramos el postre Placer de Acabar, que era una torta de chocolate y dulce de leche muy buena. Nos pusimos a jugar al Pictionary con el postre en el medio del tablero y cuatro cucharas. AS hacía equipo con G. y AA conmigo. Mi habilidad con el dibujo es magistral y el cerebro de AA es una especie de regador giratorio que dispara ideas descabelladas a una velocidad alucinante. Las del equipo contrario, en cambio, son gente seria. La arquitecta hacía cada dibujo con perspectivas y cálculo de materiales y la estudiante de Letras enhebraba ideas lógicas, jamás una pavada. Resultado predecible: A y yo les reganamos por muy, pero por muy lejos.

En eso estábamos cuando llegó Juan Diego Incardona con su caja de objetos maravillosos. Recorría las mesas y a las chicas se les iban iluminando los ojos, un poco por el brillo de sus anillos y otro poco por ver un chico tan lindo y tan gracioso. Su discurso seductor y disparatado hacía que todas se rieran y desviaran pudorosamente la mirada hacia el interior de la caja de tesoros.

A mí me gustó uno divino, un corazón con pajarito y piedras rosas. Quise comprarlo pero no me dejó: fue su regalo de Navidad. Lo adoro.

Después nos fuimos cada una a su casa, todas menos AA, para quien la noche estaba en pañales.

Me gustó volver al fresquito, al balcón, a mis libros y a mi compu. Me encantó salir pero fue suficiente por este año.

Ahora estoy preparando las cosas ricas para la cena de fin de año. Vamos a ser pocos esta vez, asi que voy a poner la mesa en el balcón con mis farolitos de colores. Mañana voy a hacer vithel tonné, que me gusta muchísimo y nunca supe hacer. También va a haber salmón ahumado y ensaladas, nada más.

Compré cinco kilos de cerezas que vienen en una caja. Son impresionantemente duras, dulces y oscuras. Voy a hacer algunas en conserva con alcohol.

Y no pienso salir de casa hasta el año que viene. Odio trasladarme a lugares ruidosos y calurosos a rempujarme con otra gente.

Una de las cosas buenas de esta edad avanzada es que uno ya sabe claramente qué no quiere hacer y además sabe decir no sin hacerse problemas por la reacción de los otros.

viernes, diciembre 29, 2006

A que no conocen a este poeta maravilloso?



Se volverán ganglios,
se han girado alrededor del Barcelona
en los desleales, en un índice moderno,
en un índice moderno, ahora sí.

Diez de pasivos casi no nos devuelve
un nivel de la declaración,
Jesús es el segundo. Yéndose sufre.

Ahora, si tal registra lo que estoy diciendo
con el micrófono conectado en el Port que corresponde,
se acabaron los cadáveres exquisitos.

Me concluye mantenerse
y citó dos de hombre.

Entender es, y si por ello le entrego, registra que aprueben,
pero ahora es otra cosa,
es bastante aproximado.

Bosques es hacer un dictado
para tener la nota de una cosa
que interesa guardar
y que no tiene tiempo de escribir.

Me parece que es bastante útil lo que parece
si lo obtuvo con cruda, con buda,
o con dos lotes.
Sólo las que estoy hablando
no es entender.

Es tanta educación lo que crecieron quemando
los mejores colegios,
y no entiende una guerra.

A morir lesiones me permitió un injusto haber.
Ahora como injusto
dirige, ahora no dirige y gira.
Dirigen
Harris y cómodos módicos
en los que tiene de común un nicho revelador
y económico de cómo ir a perdedora alcanzada.

Hasta el estudiante de aves registra el rincón
y devaluó el rincón del valgo,
un vago el rincón del valgo
para sacarle la fórmula del explosivo de Internet.

Es divertida para ver el whisky de Onetti.
Pero sigue si quieres, sirven la inminencia que es móvil,
que ha sido mol y era visible.
El criterio, el whisky dio en el criterio
si se tienen condiciones.

Debe tener un diccionario, sino no entendería
por qué pone el whisky de Onetti
y alentó la mayúscula en junio.

Bueno, Miguel Gaona, en realidad
con hundir la orden en enero drástico
y confundir,
ningún club devolvió nunca el tercio
de lo que iba aprendiendo.

No digan que confundir el lanzamiento difícil
del detenido es el del orden.

De registrar sin siquiera micrófonos.

Impresionante camarada venido por el camino común
que tiene muchedumbre.
N
o es otra que usar el área eminente,
agradecer la deuda con el reloj,
la clínica.

Esto es, por favor, la codicia de un enorme auge.
En el oil de la recepción,
yendo a disfrutar el principio
y si se hiciera pública Danny
o yendo a arreciar en Tennessee,
en el que tiene este tratado,
donde narraron el por favor,
no ubica esa entidad aunque se apoderaron de fábulas
y dicen que como algo para avalar armas.

Nada pierde, lo habían aislado
y recordó dónde crecen.


Un amigo mío se distrajo y de repente se encontró casado con una patrona celosa, una propietaria que mete miedo, que controla sus pasos y le prohibe cosas.
Siempre me sorprende que esa trampa asfixiante, increíblemente antigua, siga funcionando entre los modernos.


La veterinaria de enfrente tiene el servicio en oferta hasta fin de año. Chicos y chicas interesados, a apurarse que el gatito se escapa.

lunes, diciembre 25, 2006

Lunes 25



Hoy a la mañana volvió el servicio de Arnet. Encontré 628 correos, de los cuales 626 eran spams y tarjetas de Navidad electrónicas. Encargué a Mail Washer que los triturara y contesté los dos que eran buenos. A.2 se quedó a dormir en su ex dormitorio que ahora es medio biblioteca, medio desván y medio corral de Alonso, y en estos días un caos total porque fue mi obrador para los preparativos de Navidad.

B.2 fue a dos fiestas con unos amigos y volvió a las 8 de la mañana; se acostó a dormir en su ex dormitorio, que ahora es biblioteca.

B.3. fue a una fiesta y volvió a dormir con su novio, L.

A las 8 bajé a despertar a A.2 y me gustaba saber que había un bicho canasto en cada cuevita.

Cerca del mediodía fueron emergiendo en distintos estados de confusión (ver el registro gráfico) y se dirigieron a la heladera en busca de los maravillosos quedos de ayer.

Por primera vez siento que son personas grandes. Las Nenas se portaron genial, hicieron todo bien y sin molestar, no lloraron en los rincones y no discutieron entre ellas. B.1 me llamó desde el campo y me dijo -Creo que esta vez extrañé menos. Debe ser porque soy más grande. En septiembre cumplió 34 años.

Esta mañana cuando me desperté le pregunté a M.4 –Cómo estás?

-Gordo, me contestó.

Domingo 24. La Nochebuena propiamente bicha



A la mañana voy a comprar panes ricos. Cuando vuelvo llega Dholo a buscar su pan de miel.

Estoy sudada, harapienta y sin producir; sé que parezco una hija de Klaus Kinski y un ama de casa checoslovaca. Ella es pura delicadeza. Me regala un origami precioso, una rosa celeste.

Mamá quiere ayudarme. Le encargo tareas importantes: cortar las aceitunas y la muzzarella y cambiarles el agua a las flores.

B.2 y B.3 también quieren ayudar. A ellas les encargo trabajos de más responsabilidad: cortar el peceto y las pechugas en láminas, poner los pancitos en canastas y las servilletas en los servilleteros de cristal. Hacen todo de buen humor y sin pelearse, pese a que las dos están en pleno período PM, que las transforma en demonias intratables.

B. 2 encuentra una botella de Baileys a medio terminar y la encuentro empinando el codo con la cabeza metida dentro del bar. Tiene debilidad por las escenas Tennessee Williams pero a mí no me divierte. Le digo –Chupi sí, pero no licor y a las 3 de la tarde. Igual, a las 5 la botella está vacía. La deja a la vista para impresionarme.

M.4 tiene pocas especialidades pero maravillosas. Esta vez le pido que haga el guacamole. Yo pico la cebolla porque a él lo hace llorar y yo odio manipular las paltas y que se me empalten los dedos. Inauguramos un picante nuevo, mexicano, llamado Cholula.

Nos cruzamos mensajes de texto y llamados cariñosos y tranquilos con personas queridas. Arnet sigue sin servicio.

Hablo un rato largo con R. y lloramos las dos. Siento todo lo que sufre y no puedo consolar a esa criatura.

A las 10 empiezan a llegar todos. En la mesada de la cocina y en la heladera esperan las fuentes cubiertas de papel film llenas de manjares. B.2 cortó la carne como con un cutter, finísima y pareja. En medio de las tajadas pongo una montañita de alio e olio. Cuando la voy a llevar a la mesa veo con horror que tanto la carne como la salsa están cubiertas de hormigas. Las muy putas no le hacen asco a nada. Tanto les da dulce como salado. Entra B.2 y hace lo único que no hay que hacer: pega un alarido como de Psicosis. Algunos invitados entran a la cocina. Yo huyo al balcón con la fuente para que no la vean. Le aplico un sistema que inventé hace unos días; se llama El Terremoto Bailable. Consiste en golpear la fuente para producir una vibración. Se me ocurrió pensando que los bichos huyen cuando está empezando un terremoto. Lo hago y miríadas de hormigas enloquecidas me cubren los brazos como en Marabunta. Entra A.2, que es cocinero y se las sabe todas y me dice -Te voy a mostrar cómo se hace en los restaurantes. Prende una hornalla y acerca la fuente. Las hormigas abandonan el peceto en desbandada. Él y B.2 sacan a mano las que quedaron entrampadas en la mayonesa y al final trasvasan todo a otra fuente porque la primitiva quedó devastada.

Los invitados dan cuenta de los manjares y el plato que recibe más alabanzas después del guacamole es justamente la carne.
B. 2 no puede parar de comentarlo en voz bien alta. Dice una y otra vez -Viste que se la comieron toda?

B.3 también se había clavado unos vinitos y se reía sin parar cada vez que nos cruzábamos una mirada.

A las 2 de la mañana, cuando me fui a dormir, tenía miedo de que una hormiga se me metiera en el conducto auditivo de niño y no pudiera salir más.

Sábado 23



Me despierto muy temprano después de una noche hostil. Cada vez que me movía en la cama me clavaba la Spika en las costillas o en el culo. Duermo de a ratitos y tengo pesadillas horribles. Durante la noche algo me dejó completamente sorda del oído izquierdo.

Me despego los electrodos despacito con mucho alcohol para que la cinta adhesiva no me lastime la piel. No me gusta que me saquen el Holter en el hospital: las enfermeras arrancan las cintas de un tirón y a veces se llevan puesto un pedacito de piel, lo cual no tiene mucha importancia para ellas.

Los malditos Arnet tienen el servicio suspendido.

B.1. va a pasar Nochebuena al campo con la familia de R., su mujer. Íbamos a vernos ayer a la noche pero le dió fiaca venir, entonces quedamos en encontrarnos en la estación de subte para despedirnos. Además, quería darle unos regalos para la mamá y las hermanas de R.

Después del jolgorio de ayer el hospital está desierto. Dejo el aparato de Holter y voy a la guardia. Digo que tengo algo en el oído. Me examina un otorrinolaringólogo y dice lo que me dicen siempre –Usted tiene un conducto auditivo muy chiquito, como el de un chico. No sé por qué, me encanta que me digan eso. En rigor están describiendo un defecto del desarrollo, pero me hace sentir linda y delicada saber que tengo una parte como de niño. Después me quedo preocupada pensando si no tendré otras partes subdesarrolladas que todavía no se manifestaron.

Tiene que usar la trompetita pediátrica para poder ver hasta el fondo. Después me mete muy profundo una aspiradorita y chupetea todo el tímpano, haciendo ruidito chuic chuic, tapa/destapa, cada vez que absorbe algo. Enseguida vuelvo a oír, pero ahora oigo demasiado. Son las famosas puertas de las percepción. El médico me dice que como el conducto es tan angosto, cualquier cosita que se mete por ahí se queda atrapada. Debería ir a pasarme la aspiradora cada dos meses por lo menos.

Voy a una librería de libros usados que hay cerca de la estación. Encuentro algunos tesoros en inglés: la autobiografía de John Houston, Me, la autobiografía de Katharine Hepburn, An Atlas of the Difficult World, de Adrienne Rich, The Garden Party and other Stories, de Katherine Mansfield, y en español Las Confesiones de un Comedor de Opio, de De Quincey, que quiero regalarle a B.1, y Mi Verdad, de Joyce Maynard, la chica que amó a Salinger cuando tenía 18 años y él más de 50. También encuentro Goethe erzählt sein Leben (Goethe cuenta su vida), que nos va a venir bien para estudiar el año que viene, si la pequeña puaner está de acuerdo, porque en estas cosas manda ella.

Está por llover. Espero a B.1 en el andén. No nos vemos: él se baja y tropezamos. Nos abrazamos. Nos quedamos sentados hablando bajito. Viene el subte y subimos. Él sigue hasta Juramento. Yo me bajo en Plaza Italia con el plan de ir al Botánico y de volver caminando a casa, pero cuando voy a salir llueve a mares. Entonces vuelvo en subte y cuando bajo en Pueyrredón llueve menos. Compro otro ejemplar de Mi Verdad. Después voy al Queso Queso de Pueyrredón, compro brie, lomito embuchado, aceitunas negras y muzarella de búfala para el 24 a la noche.

Viernes 22



No tengo servicio de correo. Arnet tiene problemas y pide disculpas por las molestias ocasionadas. Deben ser los millones de garchas electrónicas que la gente se manda en estos días: tarjetas insufribles que bajan lentamente y paralizan el correo en todo el mundo. No abro ninguna. Son todas iguales, hechas en serie: papanueles que saludan, copos de nieve que caen, renos que sonríen, paquetes que se abren, niños dios con rayos de divinidad saliendo de la cabeza. Nunca pensé que la horripilante costumbre de comprar y regalar tarjetas de felicitación pudiera invadir también el mundo virtual.

Paso la mañana en el hospital Alemán. Tengo que hacer la rutina de chequeo de mi corazón arrítmico: ergometría, electrocardiograma, ecocardiograma y colocarme un Holter, un aparato que traza un electrocardiograma continuo durante 24 horas.

Llego a las 9, hago los trámites de admisión y me siento a esperar. Leo Aún Soltera, de Dani Umpi. No me gusta: no me interesa esa visión cachivachesca del mundo gay. Me da pena, me parece autodenigratoria. En cambio me gustó y me conmovió mucho la historia de amor desesperanzado de Sólo quiero ser tu Amigo. Por eso compré éste. Igual, para esperar y observar lo que pasa alrededor, está bien.

El hospital parece un hormiguero recién pateado: pacientes, médicos y enfermeras se cruzan trasladando panes dulces, botellas de champagne y bolsas de regalos. Los pacientes golpean la puerta de los consultorios con un regalo para su médico y los médicos pasan llevando paquetes de James Smart con forma de corbata. Parecen avergonzados; caminan rápido por los pasillos hacia sus cubiles tratando de disimular su alegría y su impaciencia por ver qué les regalaron.

Algunos pacientes son muy agradecidos con algunos médicos. A mí también me llenaron de regalos durante estas últimas dos semanas y me dio mucha alegría saber que sienten tanto cariño por mí. Recibí una cartera como de señora, un collar mexicano divino, una remera de Uma, una tetera china de hierro, una rosca rellena con praliné, un stollen, una bandeja con dulces alemanes como de Hansel y Gretel, una botella de licor, otra de whisky (se ve que me conocen bien), dos agendas paquetísimas, una billetera, un pañuelo de seda alucinante, un tarjetero y varios adornitos que guardé en mi caja de objetos horrendos.

En el hospital atendían muy mal esa mañana. Las empleadas estaban excitadas como si algo importantísimo estuviera por ocurrir. Se les traspapelaban las órdenes todo el tiempo. A mí me dejaron esperando cuarenta minutos hasta que una me vió, se acordó de mí, rebuscó la mía entre otras diez papeletas y me hizo pasar. Atendían distraídas las consultas de los pacientes, pero sin olvidarse de decirles abuelo y abuela a los viejos, hablando lento y a los gritos, como si todos fueran sordos y un poco idiotas. Todos terminaban las frases de saludo con la palabra “felicidades” o “feliz navidad”. Me imaginé que en el servicio de Oncología alguien le estaba diciendo a un paciente -Su cáncer se ha diseminado, felicidades!

Siempre me tranquiza pensar que si tengo un paro cardíaco mientras corro en la cinta de ergometría, estaré en el mejor lugar para tenerlo: al lado hay un defribilador preparado y el cardiólogo que toma el registro no deja de mirar atentamente el electrocardiógrafo todo el tiempo. Así que me lanzo a correr sin miedo como cuando corría maratones. Me reencuentro con mi corazoncito valiente y compañero latiendo a más de 140, bombeando serenamente sangre hacia mis piernas, como diciéndome que confíe en él, que nunca me va a fallar.

El cardiólogo me pregunta si hago algún deporte porque tengo mucha resistencia y el electro sigue normal, sin arritmias. Dice que mi corazón se sobra para eso y mucho más, que hay que convencer a mi cardiólogo, El Japonés, para que me deje volver a correr. La cinta está frente a una ventana, en el primer piso. Veo el jardín interno y una carpa blanca como las que arman para los casamientos. Bajo la carpa hay unas veinte sillas de plástico vacías. Una especie de animador habla con micrófono con un tono optimista, invitador, como para animar cadáveres. Veo al director del hospital rodeado por otros médicos y por un cardumen de degustadoras que el hospital incorporó este último año, cuando el marketing lo alcanzó de pleno. Circula desplegando su elegancia como un pavo real con un vasito de coca cola en la mano. Le comento al cardiólogo lo que estoy viendo y nos reímos. Me explica que es la fiesta de fin de año que el hospital organiza para los pacientes. Recién entonces tiene sentido una imagen buñuelesca que no podía entender: en un costado de la carpa hay cinco pacientes en sillas de ruedas, tres o cuatro con muletas y cuatro en camas -sí en camas con ruedas- con una vía de suero en el brazo. Todos tienen un vaso de plástico con agua y lo levantan débilmente brindando con las autoridades del hospital, que hacen otro tanto pero en posición vertical y con coca cola. Le pregunto al cardiólogo si realmente está ocurriendo lo que veo y muy divertido me dice que sí, que todos los años se reproduce la misma escena increíble. Justo cuando termino de correr se produce un desfile que hubiera hecho brincar de gozo a Frida Kahlo: de a uno por vez los pacientes agraciados por la administración del hospital abandonan la carpa. Las enfermeras los transportan cruzando lentamente el jardín hacia sus habitaciones, donde pasarán la Nochebuena, la Navidad y si llegan vivos, también el Año Nuevo.

Una vez que me conecta y me pegotea en el pecho los electrodos del Holter y me cuelga la radio Spika que deberé cargar durante 24 horas, la enfermera repite las indicaciones, me da la mano y dice -Puede vestirse. Felicidades!

viernes, diciembre 22, 2006


Así son bajo el envoltorio victoriano.

Llegaron lo pane de miel!!


Hice cinco. Uno pertenece a Dholo.

Ultima receta del año. El verdadero pavo de Navidad.


Ingredientes

Un pavo de tres kilos

Una botella de buen whisky

Panceta en tiras, cantidad suficiente

Aceite de oliva

Sal y pimienta

Preparación

Paso 1. Rellenar el pavo con la panceta, atarlo, salpimentarlo y echarle un chorrito de aceite de oliva.

Paso 2. Precalentar el horno a 180º durante 10 minutos.

Paso 3. Servirse un vaso de whisky para hacer tiempo.

Paso 4. Meter el pavo en el horno.

Paso 5. Servirse otro vaso de whisky y mirar el horno atentamente pese a sentir los ojos ligeramente extraviados.

Paso 6. Boner el terbostato a 150 gramos, grabdos, y esberar veinte binutos.

Paso 7. Servirse odro vdaso, odros pasos.

Vaso 8. Al cabo drun drato, hornir el abro bara condrolar y echar un chodreto de pavo al güisqui y odro de güisqui a uno bismo.

Baso 9. Darle la vuelda al babo y quebarse la bano al cerrar elorno, ¡bierda que queba...!

Passo 10. Ir ala beladera a busscar bielo para da kemabura e bonerle al guisqui y al bavo.

Passo 11. Indentar sentarrsse en uda silla y serbirrsse unoss chupitos bientras basan los binutos.

Parrso 12. Retirar el babo del horrno y recogerrrrlo del ssuelo con un drapo, embujandolo a un blato, bandejja o ssimilarr.

Faso 13. Rombersse lacrissma al reffalarr en la grasssa.

Paassso 14. Indendar levandarse sin soltarrr la bodella y drasvariosss indendosss, decidirr guedar en el ssssu elo.

Bassssso 15. Appburar la botella y adrastrarse hasda la gama.

Paso 16. Desperatarse a la mañana, tomarse dos cafes dobles, levantar el pavo, la botella, limpiar todo y apagar el horno.

Esta vez Mr. W. va a estar de acuerdo con todos los pasos.

jueves, diciembre 21, 2006

martes, diciembre 19, 2006

El padre Grassi también cree en papanuel

Isla flotante para A.


Hay que tener

1. una batidora para batir mucho tiempo sin que se te lesione la articulación del hombro.

2. una budinera redonda con anillo en el medio (la clásica forma de las islas flotantes).

3. una asadera de por lo menos tres centímetros de profundidad y de un tamaño suficiente para que quepa la budinera.

La salsa en la que flota la isla puede ser crema pastelera (yo la hago con las 9 yemas que restan), pero la receta clásica, la colonial, es con dulce de leche diluído. Además, es mucho más fácil.

Si querés la receta de la crema pastelera, avisame. Es una buena forma de usar las yemas.

Primero, hacer caramelo en la budinera redonda anillo. Por si no sabés hacerlo, te digo cómo: se ponen dos cucharadas soperas en la budinera y se pone sobre el fuego mediano. El azúcar se va diluyendo y oscureciendo. Con sumísimo cuidado (porque quema como la san dios), hay que levantar la budinera y hacerla rotar para que el caramelo bañe bien las paredes, la base y si es posible el anillo central. Una vez que el caramelo está bien frío, se le pasa manteca para que la isla no se pegue.

Ingredientes
9 claras
150 gramos de azúcar (3/4 de taza)

Salsa
dulce de leche, 300 grs.
leche suficiente.

Licuar el dulce de leche con la leche para hacerlo más fluido.

Preparación
1. Batir a nieve las claras hasta un punto muy muy duro. Tienen que quedar como telgopor. Esa es la clave para que la isla no se derrumbe.
Antes de empezar a batir yo les pongo una pizquita de sal para que se hagan más rápido.

2. Agregar el azúcar mezclando suavemente con cuchara de madera, sin batir.

3. Colocar en la budinera y emparejar la superficie con una cuchara o espátula.

Poner la budinera en una asadera con agua para cocinarla a baño maría. Poner en el horno mediano (140º) aproximadamente unos 30 minutos. La superficie debe estar doradita apenas. Dejar enfriar diez minutos en el horno apagado y recién después sacarlo. Dejar enfriar completamente. Ponerla en la heladera por lo menos cuatro o cinco horas. Sacarla una media hora antes del momento de desmoldarla para que sea más fácil. Desmoldar en una fuente honda, ponerle la salsa en el hueco central y alrededor para que parezca que flota.

domingo, diciembre 17, 2006

Después de la tormenta


Después de las tormentas salía a buscar pajaritos caídos. Siempre encontraba uno por lo menos y a veces cuatro o cinco, al lado de cascarones de huevos o de nidos enteros que el viento había arrancado de la rama. Los llevaba a casa, los envolvía en una bufanda, los metía en una caja de zapatos y los ponía en la cocina, cerca del fuego. A medida que se les secaban las plumas iban perdiendo el aspecto de larva, adquirían forma de pajaritos y se ponían a piar con una potencia que aturdía. Los tapaba muy bien para que creyeran que era de noche y durmieran, pero cada vez que prendíamos la luz de la cocina volvían a piar con desesperación.
A la mañana siguiente los llevaba otra vez al pie del árbol donde los había encontrado y me quedaba un rato controlando que volaran o por lo menos que revolotearan con cierta energía como para ponerse a salvo si un gato se los quería comer.
Una vez, cuando yo era grande, encontré al pie de la enredadera del patio de casa uno minúsculo, tan bebito que no tenía plumas. Era como un gusano rosado con párpados azules cerrados. Parecía muerto pero estaba tibio y con la yema de un dedo le sentía el corazoncito latir a una velocidad infernal. Lo llevé a casa, lo abrigué, pero me di cuenta de que no podía devolverlo a su territorio en ese estado de inmadurez. No sabía qué hacer. Acerqué una mano para acariciarlo y abrió el pico de par en par. Parecía de plástico amarillo, una cosa rebatible con dos bisagras enormes en las comisuras. Las bisagras le permitían descoyuntarlo completamente, de manera que la apertura tenía un diámetro mucho mayor que el pajarito en sí mismo. Se le veía todo el interior colorado, palpitante, exigente, y yo no tenía ni idea de cómo alimentar a un gorrión recién nacido. Traté de imaginarme lo que le daría la mamá si estuviera en el nido: semillas y lombrices o bichitos, pensé. Entonces mastiqué una Cerealita, la baboseé bien y le agregué un poco de carne picada. Formé una bolita y se la puse en el pico. La deglutió enseguida, tragando como un avestruz. A través del pellejo transparente se veía bajar la comida por el esófago. Inmediatamente volvió a abrir el pico, volví a darle una bolita bien babeada y repetimos el proceso varias veces hasta que se quedó dormido. A las cinco de la mañana me despertaron sus gritos ensordecedores. Me levanté medio dormida, mastiqué otra Cerealita y volví a embutirle bolos en el buche hasta que se calmó. Eso se repitió cada dos o tres horas desde la madrugada hasta el atardecer. Por suerte yo estaba de vacaciones, así que podía quedarme en casa durante casi todo el día o hacer salidas muy cortas para alimentarlo cada vez que gritaba.

Me daba miedo que se muriera con esa dieta estrafalaria, pero se lo veía cada día más fuerte y vivaracho. Empezó a echar unas plumitas blancas por todos lados. Le agregué un poco de leche a la mezcla. Lo llevé a un veterinario. Me dijo que nunca había conocido un caso así, de pichoncito criado desde recién nacido por una señora. A la noche lo ponía en un depósito de la terraza y a la mañana, en cuanto abría la puerta, se echaba a revolotear pero no salía: se paraba y abría la bocaza, de la que habían desaparecido gradualmente las bisagras amarillas. Ahora tenía un pico normal, de gorrión, pero seguía abriéndolo para pedir comida. Yo le ponía alpiste y migas de pan en el piso pero no se le ocurría comerlo como hacen los pájaros normales. Había creado un pájaro idiota, un marginal. Y ya tenía un tamaño alarmante, mucho más grande que los gorriones comunes y era completamente blanco. Traté de echarlo pero se escondía entre las reposeras plegadas, las escobas, los trastos que había en el depósito. Yo le explicaba que tenía que volar, que Konrad Lorenz tenía una explicación para esa relación enfermiza que había entre nosotros, que me olvidara y que se fuera con su familia, pero él seguía en sus trece, actuando como un híbrido mitad humano y mitad pichón, cuando en realidad ya era un pájaro adulto. Una mañana lo atrapé, lo puse en la enredadera y le pegué un sacudón a la rama. Voló hasta la cornisa más cercana y enseguida aparecieron muchos gorriones revoloteando y cantando alrededor de él. El muy bobo seguía levantando la cabeza y abriendo el pico y yo estaba muy preocupada por haber interferido así con la naturaleza.

Durante lo que quedaba de ese verano lo ví volando con sus amigos entre la cornisa, la palmera y la enredadera. Lo reconocía porque era completamente diferente a los demás, grandote y con sus plumas claras. Yo tomaba sol y él se paraba en la reja y me cantaba locamente, con el pechito inflado, como con orgullo. Después empezó el frío, durante todo el invierno no salí a la terraza y cuando volvió el verano no lo ví más.

Hoy encontré un cascarón de huevito en un camino del hospital y me acordé de él, que se llamaba Simón.

Domingo


Pared externa del Muñiz