domingo, septiembre 21, 2008

Cómo se usan las comillas?

Siempre me indignaron las comillas mal usadas. En general son bastante grasas, pero tiradas al tun tun para darle énfasis a una palabra son repulsivas. Mi hijita V. (B.3 de la vieja nomenclatura) heredó su parte en esa cruzada sin saberlo. Desde que era muy chica detectaba comillas en lugares inadecuados y me las señalaba furiosa. Cuando nos mudamos a este barrio ella tenía 10 años. Los dueños de la librería de la esquina eran unos perversos cultores de la comilla incorrecta: pegaban en la vidriera cartelitos con ofertas y promociones y las palabras más importantes estaban remarcadas con unas comillas gigantescas. Con V. nos parábamos a interpretar cómo eso cambiaba el sentido de las frases y nos reíamos un rato. Pero un día, volviendo del colegio, V. entró a la librería y le espetó a uno de los dueños:

-Señor, ustedes no saben usar las comillas. Las ponen para darle énfasis a las palabras y ése no es el uso correcto. En realidad se usan.... -pero el librero la cortó diciéndole:

-Nena, a vos quién te preguntó cómo se usan las comillas? Por qué no te vas y te dejás de joder?

V. llegó puteando a casa. Me costó un rato convencerla de que las críticas no siempre son bien recibidas si no se las pide. Nunca volvió a intentar su evangelización gramatical, pero el deporte de cazar comillas sigue siendo uno de nuestros favoritos.

sábado, septiembre 20, 2008

Otra para Paulina (y no rompan más pidiendo recetas)


Ah, ahora me acuerdo de otra que debe ser la de tu apuesta! Es la Torta de las Mujeres Irlandesas. No sé por qué tengo muchísimos amigos y conocidos irlandeses y cuando te invitan a morfar no zafás nunca de la ensalada de papas y de esta torta, que es fácil y buenísima.

Te la subo ya:

Ingredientes

8 manzanas verdes
1/2 taza de agua
100 gramos de manteca no muy dura ni muy blanda
1 taza de azúcar
1 taza de harina
2 cucharadas soperas de canela molida

Pelar las manzanas. Cortarlas en rodajas finas (no demasiado finas porque se hacen puré) y ponerlas cubriendo el fondo de una fuente rectangular o redonda (yo uso esas Pyrex rectangulares medianas como de 5 cms de alto y van bien). Rociar en forma pareja con la media taza de agua.
Mezclar con los dedos rápidamente la manteca, la harina, la canela y el azúcar hasta hacer una mezcla arenosa. Poner ese granulado en forma pareja encima de las manzanas y poner enseguida en horno bien caliente (180 grados) durante media hora. Apagar el horno, sacar y dejar entibiar antes de cortar rectángulos o triángulos.

Para Paulina


Sólo conozco dos tortas que llevan manzanas y canela. Una es el Apfelstrudel de mi abuela, que sale bien cargado de canela y pasas o nueces y la otra es la que en mi libro de recetas aparece como Torta Budista porque la hace mi mamá cuando va a sus reuniones de budistas. Esa es altita y jugosa, rerica tibia y maravillosa cuando está fría y tiene menos canela. Las dos se pueden morfar con helado, pero no sé si son las que necesitás para ganar la apuesta.

Si te parece que te sirven avisame y las subo.

martes, septiembre 16, 2008

Lean, analfas!



Un poco menos de morfi y un poco más libros, que ladran pero no muerden, pelmazos!




http://www.elinterpretador.net/


La mejor revista de literatura y ensayos de todas las que flotan en el espacio cibernético. Esta vez, con un textículo inédito de la fabulosa Ememe. A ver si lo descubren. Brilla y se esconde cual aguja en el pajar.

domingo, septiembre 14, 2008

Qué te pasó, Doris Dörrie?



Cuando fui a comprar entradas para el festival de cine alemán ya era tarde: quedaban para las más chotas en horarios absurdos. Es que fui al Vílich Recolecta en el único ratito libre que tenía (viernes a las 9 de la mañana) y ahí descubrí que abren a las 11. A esa hora tenía citado al primer paciente y no podía esperar. Asi que fui otra vez el sábado y encontré que para La Ola ya no había y para Cherry Blossom Hanami había para las 12.50 de la noche. Las saqué igual porque había leído críticas muy buenas y sobre todo porque es de Doris Dörrie, que me gusta (ba) tanto.

La peli empieza bien, medio Bergman pero bien, con un poquito de ironía. Pero después de una hora se va al recarajo; las situaciones empiezan a transcurrir en tiempo real, el guión se va haciendo más pesado a cada minuto hasta adquirir el peso específico del mercurio y los diálogos empiezan a explicar todo como en el cine argentino de los 70. La idea es que los espectadores entiendan todo, pero todo, viste, que no te quede ninguna duda. Y claro, eso requiere por lo menos dos horas y media de película.
Durante la última hora y media se zambulle en esa estética japonesa de copo de azúcar rosado tan grasa y termina siendo insoportable. Si la editás de nuevo sacando lo que está al cuete, dura una hora diez con suerte. De paso te enterás de que ver el famous Monte Fuyi, que inspiró el nombre de un perfume insoportablemente meloso y de los espirales matamosquitos, es una experiencia frustrante: está siempre bajo un manto de neblina como las islas Malvinas y cuando por fin lo ves es una pirámide trunca que se refleja en un lago medio sucio. Para llegar a la orilla del lago hay que correr (los actores siempre corren) por una especie de baldío del conurbano lleno de yuyos.
No podía dejar de compararla con las pelis de Lucrecia Martel, en las que nada está explicado y todo se arma en la cabeza del que mira. Para no quedarme dormida mientras veía al pelma del actor alemán bailando butoh en medio de los cerezos en flor, pensaba y pensaba en eso. Y me acordaba de lo que dice L., mi genial profesora de dibujo. Dice que no es necesario completar las figuras ni las líneas porque es mejor que el que mira las complete con la información que hay en su cabeza. Si le das todo resuelto y explicado, todas las líneas continuas y cerradas, no queda nada por imaginar, nada por interpretar.
Me pregunto qué entenderán los europeos cuando ven La Mujer sin Cabeza o La Ciénaga. Seguramente lo mismo que dijo mi mamá: -Qué película rara! No pasa nada, pero nada de nada!

Para María, con cierto atraso.


Bué, acá le subo a María tres de mis recetas preferidas y una cuarta, que es la que me pidió: la de brownies, que hago de vez en cuando porque en realidad es la especialidad de mi cuñada Ch., que es una repostera maravillosa. Ahora, fijate cómo es una verdadera anglo de San Isidro: especifica cosas como "un octavo de cucharadita... horno a 175 grados... un tercio de pan de manteca" (y te aclara que son 66,60 gramos).
Mis recetas son más fáciles y -ocviamente- más bestiales.
Con Ch. nos conocemos desde hace 40 años y tenemos muchos chistes que aluden a la bestialidad de mi hermano y la mía. A ella le horroriza el ajo y a nosotros nos encanta. Entonces a veces le preparo a él unos frascos gigantes de berenjenas en escabeche llenas de ajo y ella me llama y me dice -Qué horror lo que le regalaste a tu hermano! Me voy a mudar hasta que se termine ese frasco!
Cuando llama invariablemente te pregunta -¿Todo en orden? y yo le contesto -No, todo es un quilombo fenomenal.
La receta del pan de miel es de mi Oma alemana y esa sí, la hago todos los años en invierno y también en Navidad, cuando sufro mis accesos incontrolables de Heidi.
La de cantuccini es a lu ci nan te. Parece difícil pero es fácil, menos la parte de cortar en rodajas los gigantescos panazos, que son duros como alcornoques. Pero vale la pena: los guardás en un frasco y son geniales para mojar en el café y en el vino, como hacen los italianos en la sobremesa.
Creo que de los cantuchos subí una foto un día, y tal vez también subí alguna de estas recetas pero me da fiaca buscar y a ustedes también.
La receta de las galles de quaker se la preparo siempre a La Nena, es decir mi beba chiquita, V., (B.3 en la vieja nomenclatura).
Hoy estoy haciendo pan blanco y ya preparé tomates deshidratados con especias y aceite de oliga que me trajeron de Mendoza.
Esa preparación de tomates ya listos con hierbas es de Kler, donde compro especias y delicias terribles.
Todas las recetas están en mi libro azul hecho mierda. Guarda tesoros y secretos culinarios tan valiosos que a veces discuten A., V. y J. (ex B.2, B.3 y A.2) sobre quién lo va a heredar cuando me muera.

Brownies de mi cuñada inglesa

Ingredientes

2 huevos
1 taza de azúcar
75 grs de chocolate para taza
1/3 pan de manteca (66,60 grs)
1/2 taza de harina
1/2 cucharadita de polvo Royal
1/8 cucharadita de sal (cómo carajo se puede medir un octavo de cucharadita?)
1/2 cuccharadita de esencia de vainilla
1 taza de nueces picadas


Batir los huevos hasta que estén espumosos. Agregar el azúcar. Derretir el chcocolate junto con la manteca a baño María. Dejar enfriar un poco y agregarlo a la mezcla de huevos y azúcar.
Agregar la harina tamozada con el Royal y la sal.
Agregar la vainilla y las nueces.
Poner en una fuente de 20 x 30 enmantecada y enharinada en una capa finita.
Cocinar 15 o 20 minutos en horno precalentado a 175 grados.

Rocas de avena para La Nena



Ingredientes


Avena arrollada (Quaker tradiciona), 2 tazas
Harina común, 2 tazas
Bicarbonato de sodio, 1/2 cucharadita
Aceite de maíz, un pocillo
Jugo de una naranja
Ralladura de piel de una naranja
2 huevos
Azúcar o miel, un pocillo.

Optativo: media taza de nueces o almendras picadas.

Mezclar bien las dos harinas y el bicarbonato. Batir los huevos, agregarles el azúcar o la miel, el aceite, el jugo de naranja y la ralladura.
Mezclar muy bien con tenedor.
Agregarle agua tibia en muy pequeñas cantidades si es necesario para que se arme la masa.
Formar las galletitas con dos cucharas tamaño café (o soperas, si te gustan grandes) sobre una placa aceitada o (mejor) sobre una placa de silicona. Darles forma con la panza de la cucharita o con los dedos mojados en aceite de maíz.
Yo les chanto a cada una una almendra encima, pero no es necesario.
Cocinar a fuego fuerte (160 grados) unos 15 minutos.

Pan de miel de mi Oma


Ingredientes



4 huevos

4 cucharadas de azúcar negra (no morena, sino negra como melaza)

1 ½ taza de miel de abejas líquida

½ taza de aceite de maíz

1 cucharadita de canela molida

¼ cucharadita de clavo de olor molido

½ cucharadita de jengibre seco molido

4 tazas de harina de trigo blanca

1 cucharadita de bicarbonato de sodio

Opcional: una taza de almendras o de nueces

Preparación

Poner en un bowl grande los huevos. Mezclarlos con batidor de alambre o con cuchara de madera.

Agregar poco a poco y siempre mezclando, el azúcar negra, el clavo de olor, el jengibre, la canela, la miel y el aceite.

Cernir la harina con el bicarbonato una vez con cedazo o colador.

Volver a cernir sobre la mezcla líquida anterior, uniendo poco a poco.

La mezcla final debe tener consistencia de crema.

Si se le agregan almendras o nueces, debe hacerse en este momento.

Se tapa el bowl con un paño y se deja descansar toda la noche.

A la mañana se enmantecan y enharinan cuatro moldes rectangulares de budín inglés.

Sin volver a mezclar la preparación, se llenan los moldes hasta la mitad o sus dos terceras partes.

Se ponen en horno mediano. Sólo después de treinta minutos puede abrirse el horno para saber si están cocinados. El tiempo de cocción aproximado es de cuarenta minutos.

Se clava un cuchillo en el medio de un pan. Si sale seco, los panes están listos. Entonces se apaga el horno y se dejan durante diez minutos con el horno apagado.

Se sacan y se apoyan los moldes sobre un costado en una rejilla. Cuando están tibios, se dan vuelta suavemente, se desmoldan y se dejan enfriar completamente sobre la rejilla.

Cantuccini





Ingredientes


2 tazas de harina común

¾ taza de azúcar

1 ½ cucharadita de polvo Royal.

½ cucharadita de canela molida

1 ½ taza de almendras enteras sin blanquear

3 huevos

2 cucharaditas de extracto de vainilla.



Preparación

Calentar el horno a 180 grados.

Poner la rejilla en el centro del horno.

En un bowl mezclar la harina, el azúcar, el polvo de hornear, la canela y mezclar muy bien.

Agregar las almendras.

En otro bowl batir muy bien los huevos con la esencia de vainilla.

Agregar esta mezcla a la anterior y unir con tenedor o cuchara de madera. Tal vez sea necesario agregar una o dos cucharadas más de harina. Queda una pasta dura y despareja bastante fea. Dividirla en dos partes iguales.

Poner los dos trozos sobre la mesada enharinada, hacerlos rodar hasta formar dos cilindros más cortos que la asadera.

Cubrir la asadera con papel aluminio o papel manteca. Ponerlos ambos rollos uno al lado del otro sin que se toquen y aplastarlos con la mano para que queden un poco chatos.

Hornearlos durante 25 o 30 minutos, o hasta que estén levados al doble de su tamaño y la superficie esté firme al tacto y apenas dorada.

Sacar la asadera, apoyarla sobre una rejilla y dejar enfriar bien los masacotes.

Mientras tanto, dejar el horno en 180 grados y poner dos rejillas: una alta y la otra baja.

Cortar ambos rollos en diagonal con cuchillo filoso para obtener rodajas finitas y alargadas. Ponerlas sobre dos asaderas y cocinar durante 10 o 15 minutos más o hasta que los bizcochos estén dorados y bien secos. Dejarlos enfriar sobre la rejilla. Guardarlos en latas o frascos herméticos.

miércoles, septiembre 03, 2008

Dialoguito telefónico prenatal



Mi hija A. (B.2 en la vieja nomenclatura) está en casa. Vino por un ratito a las 2 de la tarde pero se le fue haciendo tarde. Ahora son las 8. Es que primero hizo unos intercambios de ropa con su hermana V. (B.3 en la vieja nomenclatura). Ella se saca ropa que le queda chica y V. le presta bajo protesta ropa capaz de adaptarse a sus nuevas dimensiones de dirigible. Después tuvo que ocuparse de vaciar la heladera, que estaba demasiado llena. Se comió una tortilla completa, medio budín de ciruelas, 200 gramos de jamón crudo, un flan, cuatro crèpes de pollo y cuatro empanadas. En ese orden. La encontré tirada en la cama como Pantagruel quejándose de dolor de panza. En eso sonó el teléfono: era su amiga N., que vive en Viena. En un instante la voz le cambió, dejó de dolerle la panza y toda ella se transformó en una catarata de miel infantiloide:


-Hola, mamuchita, bebita de la nena, ratoncita, bebé, te etaño muto muto.
-...
-Chi, me güele muto la pancha por el embalacho.
-...
-Y... es raro... tengo un nene adentro de la barriga que se mueve y se mete la mano en la boca. Fue muy de sorpresa. Vivía sola y de repente me tragué un bebé y una familia completa.
-...
-Chi, es varón. Eso es más raro todavía. Tengo un hombre con pito adentro de mí. No sabés lo raro que es.
-...
-Yo quería que fuera mujer. Viste que los varones son medio lentos para todo, que se quedan pegados a la mamá, viste? Y que son lieros y bruscos, que juegan fuerte y a cosas molestas. Y les gusta el fútbol, si, es muy feo.
-...
-Y además no les podés hacer peinaditos ni vestirlos con ropa linda, viste? Yo quiero que salga puto pero el papá no quiere porque los hombres también son todos medio machistas.
-...
-...Bueno, es rarísimo estar embarazada, no sabés lo raro que es.

lunes, septiembre 01, 2008

Acerca de las elecciones en la Madre Patria


Che, qué bueno la candidata a vice de Mc Cain. Me gustan las mujeres ganadoras que rompen el techo de cristal mejor que el granizo del 2006. Es como una Margaret Tacher con caracteres secundarios femeninos, fijate:


1. Está bastante fuerte y en un estilo Mujer Maravilla que ya no se lleva mucho pero es bastante calentante.
2. Usa anteojos, lo que siempre da aspecto inteligente aunque seas una mera boluda miope.
3. Está casada con un esquimal. Pocas cosas más progres. Lo siguiente mejor es estar casada con un mapuche.
4. Tiene mil hijos. El último a los 43 años.
5. Que para confirmar las estadísticas que aconsejan tener hijos antes de los 38, tiene una trisomía onda sindrome de Down.
6. La hija de 17 años está embarazada y es soltera aunque la madre está en contra de las relaciones extramatrimoniales.
7. Pero en lugar de hacerse un aborto va a tener el bebe.
8. El papá del bebe se llama Davi (quiere decir que es ruso)

La Palin tiene todo a favor para ganar. Le falta ser lesbiana, HIV positiva, tener un cáncer de mama y defender a las ballenas para pasarle por encima al pobre Obama, que es tan solo un hombre de color (negro).

domingo, agosto 31, 2008

Quién no tiene un After Áuers?


A veces pasa como en los sueños, que se van encadenando situaciones, todo se va complicando, ves que el tiempo pasa, te quedás pegado en escenas absurdas y no podés zafar. A mí me pasa poco porque hago esfuerzos sobrehumanos para mantener mi vida organizada pero es tal la fuerza centrípeta del fenómeno After Áuers que a veces me gana, me pasa por arriba y lo único que me salva de ponerme a llorar es pensar que cuando todo termine va a ser divertido escribirlo.


A mi amiga S.M., en cambio, le pasa todo el tiempo porque es una enquilombada profesional. Se olvida todo, y lo poco que recuerda da volteretas y se retuerce enredado dentro de su cabeza como la ropa en el lavarropas. Siempre le pasa algo espantoso que te da zozobra de sólo escuchar. Hace unos años se levantó un tipo por la calle (primer error). El tipo era un poeta bastante conocido (segundo y el más grave). Fueron a tomar algo y él ya venía medio en pedo, asi que después del primer whisky la invitó a ir al puerto. En lugar de volverse a su casa ella dijo que sí (tercer y espantoso error). De repente se encontró en un bote (sí, en un bote), con sus tacos altos y su tailleur sentada frente al poeta conocido que remaba trastabillante mientras le recitaba poemas propios y ajenos. Pasaron al lado de barcos cargueros enormes, se alejaron de la costa y empezó a anochecer. Ella le pedía que volvieran pero él estaba haciendo planes para llegar al Tigre y pasar la noche en un recreo. El sol se puso. S.M. empezó a extrañar su casa y a sus gatos. Pensaba que nunca más iba a volver a verlos, asi que empezó a llorar de verdad. El poeta se hartó de su falta de sensiblidad poética y emprendió la vuelta a sacudones con remazos mal coordinados. Bajaron del bote muertos de frío y ella se fue moqueando sin saludarlo, caminando entre los adoquines con los tacos torcidos hasta encontrar un taxi. Cuando me lo contó le dije que sólo una boluda puede aceptar un programa asi. Ni la gente más inexperta agarra viaje para subirse a un bote en el puerto de Buenos Aires con un desconocido y peor aún con un poeta conocido.
Mis áfter áuers no son para nada tan arriesgados pero me dan la sensación de que mientras ese sistema de error continuo se mantiene puede suceder cualquier tipo de catástrofe infinitamente.
Hace unos días me encontré a las 11 de la mañana con un amigo en una cafetería. Yo
había salido a caminar una hora, como hago todas las mañanas y tenía citado mi primer paciente a la 1 y media. Mi amigo me pidió el celular y llamó a un electricista. -Cacho, ¿tenés lista la lámpara? -preguntó. Cacho le dijo que sí y mi amigo me pidió que lo acompañara a buscarla. Está bien, pensé, asi camino un rato. El electricista vivía en Once. La lámpara era una especie de columna de bronce de dos metros de alto. Mi amigo la cargó junto con su sobretodo, su morral, mi mochila, mis libros y mi campera porque es un chico educado y no te deja que lleves nada mientras estás con él. Por esa misma razón se pone muy nervioso si no vas del lado de la vereda y te hace gestos con el brazo en silencio hasta que te ponés del lado correcto. Así atravesamos el Once, él cargado como un Ekeko y apuntando la lámpara como una lanza hacia los transeúntes que abigarraban las veredas. Todos se bajaban a la calle cuando lo veían para no ser ensartados, porque caminábamos muy rápido. Mientras tanto hacíamos comentarios sobreimpresos que no se oían bien por el ruido ambiente, las personas que se interponían y mi permanente saltar del lado de la calle al de la pared cada vez que me distraía y él agitaba el brazo en silencio como quien arrea a una cabra. Repetíamos por lo menos dos veces cada pregunta y cada respuesta, asi que a las ppocas cuadras optamos por no hablar hasta que llegamos a su casa. Ahi descargó la lámpara, dijimos que era muy bonita, yo agarré mis petates y emprendí el camino a casa. Eran las 12: si caminaba rápido me daba el tiempo justo para llegar, bañarme, comer una ensalada y empezar mi día de consultorio sin contratiempos. En Corrientes y Callao me paré a esperar el semáforo y en eso veo un tipo que me mira muy de cerca, muy serio. Era uno de esos prolijos con barbita cuidada, bien peinado, saco impecable y anteojos caros. Muy sospechoso. Me miraba fijo en silencio. Bajé la vista y vi que tenía jeans planchados con raya, lo que según mi experiencia es señal segura de que un tipo es cana. No se por qué pero me sentí amenazada. Me parecía que el tipo estaba por decirme algo horrible. Entonces le dije en voz muy alta para que todos oyeran -¿Qué te pasa, boludo? ¿Qué mirás? ¿Qué querés? y levanté un puño como para asestarle un trompazo en la cara. Se me acercó un poco más y me dijo -Perdón, ¿usted no es la doctora M.M.? Durante una décima de segundo toda mi vida pasò delante de mis ojos y creí que me iba a desmayar. -¿No se acuerda de mí? Soy XX, paciente suyo. Hace como cinco años que no voy a su consultorio, porque usted me curó de una alergia que tenía, por eso no volví más. Vivo a dos cuadras de su consultorio y la veo siempre por la calle, pero no la quiero molestar. Hoy me animé a hablarle porque quisiera que atienda a mi hijo, que está muy mal.
En ese punto yo quería tomarme el raje pero no podía hacerlo. Tenía que hacer damage control durante las 15 cuadras que faltaban para llegar. Él camina despacio y es una persona más que tranquila, un poco bradipsíquica, que construye lentamente sus frases y piensa largamente cada respuesta. Para mi es un martirio caminar y hablar despacio, pero era el precio mínimo que había que pagar para diluír un poco la espantosa escena atrabiliaria que acababa de hacer. Asi que fuimos caminando como dos jubiladitos, él contándome sus desgracias familiares y yo hablando con un tono forzadamente amable para parecer equilibrada y dueña de mis actos. De vez en cuando él paraba y me decía -Pero doctora, ¿usted siempre reacciona así cuando la miran? Entre explicaciones largas y pasitos cortos se hizo la 1 y media de la tarde. Lo dejé en la puerta de su casa con sus jeans planchaditos y corrí a meterme en la mía. El resto de la tarde fue un desastre: atendí el consultorio muerta de hambre, de calor y de vergüenza. Hambre y calor ya no tengo pero hoy se le conté a alguien y aunque ya pasaron como diez días me puse colorada como cuando lo conté por primera vez.

jueves, agosto 28, 2008



Momento exacto en que recibí mi primer regalo de abuela. Véase la estupefacción con que examino el inesperado objeto. Hasta ese momento no me había visto a mí misma como lo que en realidad soy: una nona nonata. Ese mismo día lo asumí y desde entonces no he vuelto a dormir una noche completa. Me despierto a las 3 de la mañana con una conciencia aguda de estar en la parte final de la curva que va para abajo, en la napa geológica que desaparece de la superficie y empieza a formar parte del abono que alimentará a las generaciones futuras.

sábado, agosto 23, 2008

Maradona y Sergio Denis, dos nonas como yo


La ola de beibibum nos está salpicando a todas. Anoche al final del partido olímpico ví a Maradona teñido de negro ala de cuervo, caracterizado como una matrona calabresa. También él va a ser abuela! Eso no me sorprendió porque sabía que el Kun Agüero se mueve a la nena, pero lo que me dejó patitiesa es ver a uno de mis tres amores de la juventud trabajando de nono.

Fue ayer a la mañana. Voy caminando por Pueyrredón y veo a un ser de género indefinido con el pelo pintado de rubio dorado y pantalones a rayas verticales en la gama del naranja como de bambula flameantes inclinado sobre el cochecito de un bebe. Me llamó la atención la gesticulación exagerada y la sialorrea que acompañaba sus palabras. Decía -Aola vamo a cuchá Pueyledón pa ir a plachita a jugá, chí?. Pasé caminando despacio para capturar la mayor cantidad de detalles de su personalidad, asi que se enderezó y me saludó con cara radiante, como sólo saludan los famosos porque creen que todos los extraños los reconocen y anhelan su autógrafo o su saludo. A pesar del estrago de los años lo reconocí: era Sergio Denis, mi cantante favorito en los 60 después de Sandro y de Leonardo Favio.
Ay, me volví a casa arrastrando los pies, destrozada. Pensé que pronto nos vamos a encontrar en la plachita, yo con uno o dos de mis nietos y él con el suyo, los dos intercambiando recetas de papilla. Por qué la vida le hace esto a uno, por qué?
No me importa envejecer y hacerme mierda, pero los ídolos bellos de la juventud debieran estar al margen del paso del tiempo o morirse a los 25 años, como bien hizo James Dean.

viernes, agosto 22, 2008














Aparte tus amigos te tratan distinto. No se si te tienen pena porque sos definitivamente una geronta o porque
no vas a ser tan hijo de puta de ponerte a discutir con una abuela. Te sonríen más, te llaman todo el tiempo, no se ofenden tan rápido si no los llamás y te regalan cositas divinas. Mi primer regalo de esta nueva era me mató. Es este de las fotos, cerrado y abierto. Es una cartera de cartón troquelado que contiene objetos para hacer reír a los nietos. Los textos son como una declaración de principios de abuela cheronca como yo. Dice que los chicos pueden comer chocolates y cosas ricas, que hay que divertirse y que no es necesario portarse bien. Me lo trajo mi querida amiga S.F. de Alemania. Ella me sacó una foto con los anteojos de tigre puestos en la que se ve lo ridícula que soy y cuánto se van a reír de su abuela mis dos nietos.

Ser abuela es más fácil que ser madre y mucho más divertido


Y eso que todavía soy nonata. Estoy descubriendo la joda viva que es prepararte para la vida abuelar. Tenés todo lo lindo de tener un bebito a mano sin ninguna de sus contraindicaciones. Primer problema que te ahorran: los embrollos del embarazo. Dónde acomodar las tetas y la panza para dormir. Qué ropa ponerte para no parecer un transatlántico. Ir todo el tiempo al obstetra que te escudriña la sangre, el peso, la glucosa, la presión, el pis y que cuando te duele algo y lo llamás no te contesta. Pelearte con el papá del bebe acerca del nombre, la obra social, de qué cuadro va a ser, si el parto es en casa o en el hospital, dónde poner la cuna, si dejarlo llorar o traerlo a la cama y no cojer nunca más, si vacunarlo o no, hasta qué edad darle la teta, quién se va a levantar de noche cuando llore. Tener miedo al parto (cómo carajo voy a hacer para que esta persona salga de adentro de mí?). Escuchar los consejos inútiles y las boludeces inquietantes que todos tienen para decirte en cuanto ven que estás embarazada. Y algunas otras cosas más.
La abuela, en cambio,
se va y vuelve cuando quiere, camina a mil por toda la ciudad porque no lleva ninguna persona adentro, no se marea, no se cansa, tiene las piernas livianas, no camina como un buzo con escafandra. Compra ropitas graciosas, dicharachea con las vendedoras que adoran a las abuelas con buena onda, explora los tenderetes del Once y descubre un tesoro: los géneros estampados para hacer libros. Encuentra unos ingleses de plegarias con estampados victorianos de nenes muy putillos orando, con volados y ojos vueltos al cielo onda Padre Grassi; otros norteamericanos con personajes country con cara de osito saludable y otros con conejitos Beatrix Potter con abecedario.
La abuela amplía sus talleres. Al primitivo de reparaciones y construcciones y al segundo de encuadernación, agrega el de costura para poder abastecer de fruslerías no a uno sino a dos nietos. Cose el libro de plegarias y el de conejitos pero ya va pensando en uno medio selvático como de las FARC con dinosaurios recortados de un género de tapicería montados sobre otro de fondo verde rabioso con hormigas negras proveniente de un viejo calzoncillo abandonado.

miércoles, agosto 20, 2008


Es que hace un frío de cagarse y cuando hace frío me pongo triste y cuando me pongo triste no tengo ganas de hablar con nadie ni de ver a nadie.

Qué hinchacocos que son. Son como mi amá. Paso 24 horas sin llamarla y me deja un mensaje con voz angustiada: "estás bien? Te pasó algo? Estás en Buenos Aires? Los chicos están bien? Por favor, llamame que estoy muy preocupada".

Cuando hay tan pocos grados la gente debería quedarse en la cucha, taparse hasta las orejas y dormir hasta que haya 25 por lo menos.

domingo, agosto 10, 2008

Horror! El fucking día del niño!


Salí a la mañana a mi correteo diario y antes de bajar hacia la derecha me desvié una cuadra a la izquierda para reservar mesa de almuerzo en mi deli preferido. El lugar estaba totalmente cambiado: había guirnaldas colgadas en los estantes, juguetes en la vidriera y empleadas soplando globos con una concentración que ojalá aplicaran para soplar otras cosas. En ese lugar habitualmente sobrio y silencioso con comida sana y wi fi hoy se respiraba un molesto clima de alegría. Pregunté qué pasaba y me explicaron que estaban preparando el local para el día del niño. Huí sin reservar mesa
y sin saludar porque tampoco me hubieran oído: una música infantil retumbaba en las paredes como si todos los chicos fueran hipoacúsicos.
Por la calle ví miríadas de pares padre-madre y de unipersonales padre o madre llevando en brazos o arrastrando niñitos de todos los tamaños, desde los casi fetales hasta los gandules que de día caminan de la mano de la mamá y de noche se la destrozan a conciencia. Todos llevaban algún objeto vil en las manos: globos de plástico metalizado ensartados en un palito, juguetes entristecedores, bolsitas de rotisería con pollos y paquetes de panadería con sanguchitos de miga. Algunos hasta llevaban una abuela. A partir de las 12 se fueron atiborrando los restaurantes, los taxis y los maldónal. Volví a casa recordando mis fines de semana de madre separada, las funciones de teatro infantil en las que los actores se perseguían por el escenario y le decían al público chist! no saben dónde está el ogro? mientras el ogro avanzaba detrás de él con un garrote en alto y todos los nenes aullaban y saltaban en los asientos gritando está ahí, está ahí, detrás tuyo!
Después del teatro íbamos a un maldónal que en ese momento se llamaba pámpernic, creo, donde todos pedían cosas de aspecto dudoso chorreantes de queso derretido y las engullían empujándolas hacia abajo con papas fritas. El piso estaba inmundo, con patinazos de mayonesa y servilletas de papel arrugadas. A veces uno vomitaba, pero no siempre.
Cuando volví de mi correteo por Palermo, a donde todavía no habían llegado las familias argentinas, pasé por Queso Queso, compré jamón crudo, brie maduro, aceitunas griegas, dos bochas de muzarella y pan con kümmel. Armé una especie de antipasto italiano con todo eso y tomates con tomillo fresco y berenjenas en escabeche. Puse una mesa preciosa con dos mantelitos africanos, dos copas refulgentes de vino rico y tomamos una sopa de arvejas con jamón crudo cortado chiquito, dorado y crocante. Almorzamos tranquilos, despacio, con música y charlando. Estábamos festejando nuestro último día del niño sin niño.
El año que viene te la cuento otra vez.

sábado, agosto 09, 2008

2009

lunes, agosto 04, 2008

Mi autor nacional favorito


Bueno, no puedo subir el archivo aunque ya lo transformé en GIF, PEGF, CIF, sapo y príncipe encantado y sigue rebotando porque tiene un error interno, dice.

Es la presentación de Villa Celina, el libro de Juan Diego Incardona, mi escritor nacional contemporáneo favorito, con ilustraciones de Daniel Santoro.

Es el miércoles 6 a las 21 en el Centro Cultural Zas, Moreno 2320.
Van a hablar Damián Ríos, Santiago Llach, Pedro Mairal y Ariel Schettini.

http://es.mg40.mail.yahoo.com/dc/blank.html?bn=1042.48&.intl=es#

Yo voy aunque se derritan los polos.

En las nubes


Mi vida como abuela me está cambiando la personalidad. Aunque todavía soy una abuela nonata ya estoy teniendo síntomas alarmantes. Vivo mirando jugueterías, negocios de ropa, libros sobre decoración de muebles, plazas con hamacas y con juegos, librerías con sectores infantiles, bañaderas, bebesits, hamaquitas, libros maravillosos, Cds, DVDs, almohadones, títeres, móviles, cunas, cochecitos y géneros para cortinas. Descubrí que el mundo del consumo infantil creció hasta la hipertrofia más monstruosa en estos veinticinco años, desde que compré el último pañal. Ayer descubrí que el papel araña con el que forré cuadernos durante un total de 18 años (3 nenes x 6 años), ahora viene pegado al cuaderno!
El Niño se ha transformado en un sujeto de consumo tan sofisticado como El Perro. Todo poseedor de uno de estos seres vivos puede pasar el resto de su vida ocupado en comprarle embelecos y perendengues. Igual, mi tendencia es fabricarles, más que comprarles. La ropa no puedo porque no se coser ni tejer, pero pienso hacerles juguetes preciosos. Ya empecé a juntar retazos para hacerles libros de tela, de esos que se chupetean, se mean, se babosean y se lavan. En el Once encontré unos géneros terriblemente divinos que ya les voy a mostrar. Por ahora los estoy lavando y planchando para empezar a diseñarlos. Lo que hice hoy fue terminar de pintar las nubes que había empezado a pintar en el cuarto del Bebe 1. Esta vez hice todo bien: me puse un pañuelo en la cabeza, llevé guantes de latex de repuesto, mucho nylon y preparé un molde rebueno, con maderitas para sostenerlo y para que no chorree la pintura. Acá lo pueden ver. Está vertical y parece el molde de un riñón, pero horizontal da nube. Después voy a fotografiar el cuarto para que vean qué preciosísimo quedó.

viernes, agosto 01, 2008

Overdose de beibibúm



Si te creías que era una exageración, sabelo antes de que sea tarde: lo del
beibibúm no era joda. A mí me agarró de contragolpe. No voy a tener un nieto sino dos, con cuatro meses de diferencia, uno en noviembre y otro en marzo! Recién me estaba recuperando de la noticia del primero cuando zaz, me asestaron el segundo.

Si la tendencia sigue así en el 2010 voy a tener diez o doce. Alguien me lo había anticipado. Me explicó que lo de los nietos es como cuando uno quiere sacar aceitunas de un frasco. Sacudís, sacudís y no sale ninguna, hasta que sale la primera y detrás de esa salen todas las otras juntas. Diez o doce en dos años, acordate.

Ya hice un estudio de mercado de practicunas, mochilas y sillitas para tener en casa un equipo plegable básico de abuela. Y caí presa de una adicción espantosa, favorecida por las liquidaciones de invierno: no me puedo saltear ni un negocio de ropa de bebés. Hurgueteo en las canastas de saldos y encuentro tesoros inauditos: enteritos divinos, buzitos de polar, pantalones ridículos arremangados, remeras minúsculas, gorros absurdos como de gnomo, y los compro todos.

Mi segundo nieto todavía no dio a conocer su elección sexual pero me huele que es una beba. No saben cómo me estoy controlando para no comprar las divinidades que hay con flores y con voladitos como confites de Madame Pompadour.

sábado, julio 26, 2008

Hoy hace 56 años

La Abanderada

Sentada en el piso con los ojos cerrados tengo la cabeza apoyada contra el parlante y aspiro el olor a nuevo del combinado. Siento en la frente la vibración de la voz: dice algo sobre la inmortalidad que no entiendo. Vuelvo la cabeza para preguntar pero no me oyen; gritan, se ríen, sacuden un puño en alto dos o tres veces con ímpetu como hacen los triunfadores y se abrazan con una alegría que me da miedo porque nunca los había visto alegrarse así. Siento subir las lágrimas y las reprimo con tanto esfuerzo que me duele la garganta como si un perro me mordiera por dentro.

Pocos días antes había cumplido cinco años. Por eso sé que es el tercer recuerdo de mi vida.

Enseguida salimos a la calle. Me llevaban entre los dos, uno de cada mano, y si miraba hacia arriba lo primero que veía era sus sonrisas crispadas. En los parques de Palermo me compraron una banderita argentina y me enseñaron a agitarla hacia la avenida Libertador con el brazo en alto. Era emocionante: desde todos los autos otras banderitas y bocinazos respondían mi saludo. Corriendo y saltando para seguir los pasos largos de los dos, sollozaba sin saber por qué pero no dejaba de agitar la bandera. Nadie me oía porque había mucho ruido. Durante muchos años creí que aquél día sólo yo lloraba.

En el libro de lectura de segundo grado había una lectura que se llamaba La Abanderada de los Humildes. Todo lo que decía ahí era la pura verdad. A fin de año llegaron al colegio una muñeca para cada nena y una pelota de cuero, una auténtica número 5, para cada chico. Ese verano mis compañeros de escuela tuvieron las primeras vacaciones de su vida y al comenzar el año siguiente, cuando las maestras preguntaban dónde habíamos veraneado, mostraron sus fotos. Algunos aparecían sentados en la playa, otros parados sobre piedras en un arroyo serrano, casi todos frente a la entrada de hoteles que eran como palacios. Tenían puertas altas de madera barnizada con paneles de cristal y paredes revestidas en bloques de piedra blanca.

El papá de mi compañero Vitali compró su primera casa con un crédito. Eso me impresionó porque yo creía que era un hombre de las cavernas. Estaba siempre encorvado y cubierto de hollín, mimetizado en la penumbra de su despacho de huevos y carbón y sólo se comunicaba resoplando y con gruñidos. Vitali me contó lo de la casa con los ojos muy abiertos, como si acabara de presenciar un milagro.

A Vitali le gustaban los libros pero cuando yo le prestaba uno no podía leerlo porque cuando no estaba en el colegio reemplazaba a su papá en la carbonería.

- Somos solos, decía, porque su mamá se había muerto cuando era muy chico o antes de que él naciera, no estaba seguro.

Me gustaba visitarlo porque con él se podía estar mucho tiempo en silencio. Nos sentábamos en la oscuridad del local respirando el olor de la paja fresca donde se guardaban cientos de huevos de las gallinas que vivían en unos jaulones en el patio.

A mí me gustaban los milagros que La Abanderada hacía desde la inmortalidad. Me sentía protegida como si todos, los chicos y los grandes, fuéramos hijos de los mismos padres buenos que nos mantenían a salvo de la pobreza.

Mi familia no lo veía así. Lo que a mí me parecía un prodigio a ellos los ofendía como un agravio. Nunca me explicaron cuál era la causa y yo no preguntaba porque parecía algo sobreentendido. Con las maestras sí podía hablar: ellas también pensaban que éramos privilegiados por vivir bajo la protección de La Abanderada de los Humildes.

En el primer aniversario nos hicieron escribir una composición sobre ella.

-Con sus propias palabras, aclararon.

Mi lapicera volaba del tintero de porcelana a la hoja de papel Rivadavia para no dejar escapar ningún adjetivo, ni un solo signo de exclamación de las decenas que se atropellaban en mi pluma cucharita.

Todos mis compañeros tenían seis lápices de color cortos, de mina áspera, que venían en una cajita de cartón ordinario. Yo tenía una caja azul de lata con doce lápices Staedtler que me había mandado mi abuela alemana. Los mantenía ordenados según la gama del arco iris que había en el Tesoro de la Juventud. Me gustaba acariciarlos y que rodaran suavemente contra la lata. Mi papá me había explicado que el privilegio de tener ese tesoro acarreaba algunas responsabilidades: no dejarlos caer para que no se quebrara la mina, no perder ninguno y mantenerlos siempre bien afilados con la gillette, no con el sacapuntas.

Me encantaba escribir composiciones pero lo que más me gustaba era terminarlas, porque entonces abría mi caja de colores y hacía al pie del texto una ilustración alusiva que después la maestra mostraba y alababa ante todos mis compañeros. Pero esa vez, bajo la composición sobre La Abanderada no hice ningún dibujo. Después de leer mi propio texto calculé que no había arte capaz de hacerles justicia a mis sentimientos. A Dios sí, lo había dibujado la semana anterior al pie de una composición sobre la creación del universo: era un viejo barbudo sentado sobre un colchón de nubes celestes rodeado por angelitos rechonchos como duraznos.

A la noche mis padres hojearon mi cuaderno y me preguntaron por qué la composición sobre La Abanderada era la única que no tenía dibujo.

- Es pecado mortal dibujar a una santa, les expliqué.

No sabía qué era exactamente un pecado mortal, pero pensaba que era como comer hongos venenosos, algo que uno hace por distracción y puede costarle la vida.

-Y no es pecado dibujar a Dios? preguntó mi mamá con el timbre de voz casual con que intentaba quitarles importancia a las cosas más graves.

- No, porque Dios no es santo –contesté- Dios ve todo y deja que a la gente le pasen cosas malas.

Creo que mi argumento era irrebatible porque no me contestaron nada y siguieron tomando la sopa como si se hubieran quedado pensando.

jueves, julio 24, 2008




M I
N I E T O

E S
V A R Ó N !






martes, julio 22, 2008

lunes, julio 21, 2008


La Cronista pregunta por Alonso, del que hace meses no se sabe nada. Conté en un comment perdido que está muy bien, rechoncha y malcriada como nunca. Lo único que la pone sombría es la lluvia. Hoy tiene una cara de orto fenomenal. Le prendo la luz UV, le sirvo un platazo de bananas y espinacas, le hablo, le acaricio el lomo y finalmente se arrastra con desgano hasta el plato. Come un poquito, mira hacia afuera através del vidrio mojado y suspira como una señorita soltera.
Mañana, cuando salga el sol, va a estar pimpante otra vez trepándose a los muebles y a las bibliotecas como siempre.
A mí también me pega mal esta lluvia. No la lluviecita suave y el cielo gris, que me encantan, pero sí esta lluvia zangoloteante con vientos de 200 nudos. Me hace acordar a cuando navegábamos con mi apá en invierno con un frío polar, empapados hasta los calzones y él tomaba ginebra para entrar en calor y cantaba tangos para alegrarme pero me entristecía más.
Abrigadita en mi casa no puedo dejar de pensar en la gente que vive envuelta en nylons en la calle y en los pajaritos que se caen de los nidos.

Último post sobre mi cumpleaños. Y basta porque me tienen harta.


Iupi Iupi!!!
Por fin llueve y puedo extrenar mis botas de leopardo de goma!!

Envídienme mucho, putos!

Primer plano de la jirafa culona de patas cortas que me hizo mi amá.

Primer plano de los regalos que me hizo N. (siete años)

Más sobre mi cumple


Qué extraño fenómeno el que desató mi lista de regalos de cumpleaños. No puedo dejar de pensar que hizo una mala combinación química con el conflicto de los sojeros. Si no, no se explica la escalada de agresiones picoteantes a mi tapadito de tweed y la acusación de ostentosa a mi persona.
Empecé a pensar eso cuando recibí algunos mails de amigos preocupados por mí.

Mi amiga D. escribe: "qué les pasa a esos boludos que escriben en tu blog? Se imaginaron que el collar de cuentas hecho a mano es una pieza de Ricciardi? Que el ojo de papel era una pieza de arte del MOMA? Por qué no les explicás de qué se trata? Me parece que el error fue tuyo: describiste todo como si fueran tesoros de sultán y salvo los diccionarios y los papelitos, todo lo demás son regalos baratos, pequeños y humildes..."
Eso es verdad. Acá pueden verlos con sus propios globos oculares. El ojito de papel y el collar de cuentas de plástico me los hizo especialmente N., la dulcísima hijita de F., mi nuevo yerno. La jirafa deforme me la hizo en cerámica mi amá con sus manos temblequeantes y sus ojos cuasi ciegos. Los papeles de Wussmann me los regalaron mis hijas A. y V. (B. 2 y B.3 de la vieja nomenclatura) y los aretes de lagartija de cotillón y el buzo de plush negro y verde me los regalaron mi hijo J. (B.1 de la vieja nomenclatura) y su mujer R.. Como pueden ver en la foto, hay un New Yorker. Es el regalo de mi amigo oriental AA, que me suscribió a la revista, que amo porque tiene textos maravillosos. Recibí el ejemplar y no sabía cómo había llegado debajo de mi puerta. Barrunté que podía ser él porque siempre comentamos qué lindas cosas se publican allí, y así era: fue su precioso regalo!

"Por qué tenés que darles explicaciones a esos forros? Por qué no tirás al tacho esos comentarios venenosos de gente resentida", dice un mail de E.A. "Porque soy re re re democrática. No viste que alguien dice eso de mí? ", le contesto.
La verdad es que me gusta que nos peleemos y me parece valioso el cambio de opiniones que hubo a partir del tapadito de tweed y que derivó en temas más interesantes, como las decisiones (o indecisiones) políticas de cada uno. No encuentro motivos para hacer desaparecer esos comments.

Mi amigo M. me escribe: "Chiquita, por favor no te expongas tanto en el blog que hay mucho loco suelto. Por favor".
Los agravios de desconocidos me chupan un huevo. Creo que sólo descalifican al que los hace. Si los hiciera alguien que quiero me herirían terriblemente, pero no quiero a nadie capaz de insultar en forma anónima, asi que asumo que son personas ajenas a mí que tienen algunas perturbaciones y demasiado tiempo de banda ancha.

domingo, julio 20, 2008

Volví de Córdoba



Lo pasé rebomba porque cuando no estoy en casa no me distraigo haciendo mil pequeñas boludeces y entonces leo todo el tiempo. Morfé cabrito (o chivito, no se cuál es la diferencia), unas empanadas buenísimas y me tomé unos ricos tintachos.

Hoy a la tarde no había NADIE por la calle. Parecía Catamarca. Me dijeron que era porque todos estaban en los restaurantes festejando el día del amigo.
En el aeropuerto sí, había mucha gente y muchas mujeres iguales, con el pelo lacio largo hasta la espalda teñido de platinado, jeans apretadísimos dentro de botas altísimas con tacos de 15 centímetros, bolsos grandes metalizados, rastras, cadenas, tachas, tachuelas, medallas y sombreros de ala ancha, hablando a gritos por celulares muy raros, de esos que tienen radio, MP3, MP4, espejo, ventilador y afeitadora. En Rosario detecté una etnia nueva muy parecida que también se agrupa en el aeropuerto y en los bares cancheros. Pregunté y me explicaron que son las princesas de la soja, gente que pelechó mucho en poco tiempo. Más que princesas me parecieron como unas petroleras texanas mal medicadas.
Ahora estoy en casa, desarmo la valija, me saco los zapatos, me lavo las manos, me sirvo un vaso gigante de agua con gas para que vaya barriendo los triglicéridos y me pongo a leer el quilombo que se armó unos posts más abajo. Me gusta viajar pero me encanta haber vuelto a la Argentina.

Me olvidé de algunos regalos



Cómo pude olvidarme?


1. Una taza con un dibujo divino de una princesita y su cacharrito para apoyar el saquito de té.
2. Una lapicera a juego, con estrellitas.
3. El increíble, gigantesco diccionario francés Petit Robert que deseé durante muchos años.
4. Una alcancía verdaderamente monstruosa. Es un chancho con cara de degenerado en una cabina telefónica apoyada sobre una pila de monedas doradas. Tiene unos textos en cirílico, por lo que presumo que además de ser horrenda es rusa.

sábado, julio 19, 2008

Me fui a Córdoba



Chau, chuchis. Que tengan un lindo fin de semana. Yo voy a leer y a morfar chivito.

viernes, julio 18, 2008

Tres días después de mi cumpleaños, dos días después del triunfo del primer golpe de Estado a la vaselina, apenas recuperada del shock de ver el futuro encarnado en Luciano Miguens levantando en alto una imagen de la virgen de Itatí frente a un ondear de banderas rojas que saludaban la reforma agraria, va la lista de regalos maravillosos que me ligué el 15 de julio después de estar toda la tarde frente al Congreso bailando al son de unas bandas desastrosas y al calor de decenas de muchos miles de personas que nunca aparecieron en tomas aéreas de ningún canal de TV.

Me regalaron todo esto:
1. papeles y cartulinas extraordinarios de Wussmann y de Papelera Palermo con los que voy a armar cuadernos y blocks de dibujo para morir de placer.
2. los seis tomos del alucinante diccionario crítico etimológico Corominas.
3. el libro de Rita Gombrowicz.
4. un libro de conferencias de Thomas Mann sobre el nazismo.
5. la biografía de Matisse en dos tomos con reproducciones.
6. unas botas de lluvia estampadas en leopardo
7. un buzo de plush verde y negro como de duende.
8. un collar de bolitas forradas de género azul que eventualmente pueden servir como elemento erótico
9. un collar de palitos forrados de generitos reciclados verdes de una diseñadora argentina
10. un tapadito de tweed negro y blanco apretado onda Jackie Kennedy
11. un globo ocular armado con papelitos con unas tiritas que creí que eran pestañas pero eran las venas
12. un collar de cuentas transparentes hecho a mano.
13. un equipo de viaje de L´Occitane
14. un billete de 100 pesos para que me compre un libro de arte.
15. un vale por ropa deportiva Puma
16. un pañuelo de gasa celeste con apliques preciosos
17. una jirafa de cerámica culona medio reptiliana.
18. unos sobrecitos chiquitos y papeles con mis iniciales de Wussmann.
19. un par de aros con lagartos colgantes
20. dos ramos de flores
21. una pavita de plata minúscula para mi colección de miniaturas.
22. unos jabones raros con olor muy rico.
23. una carterita de fieltro negro con manija larga.

Mi hija A. (en la vieja nomenclatura B.2) organizó la fiesta en su casa y cocinó delicias increíbles.
Hubo una torta de marquise de chocolate con merengue italiano y velitas raras que tuve que soplar dos veces con el consiguiente desconcierto (hay que pedir los mismos tres deseos dos veces o hay que pedir seis deseos?) Eso siempre es una fuente de angustia para mí, sobre todo porque no me da tiempo para pensar los deseos, que son solo tres por año, salvo que por casualidad pase debajo de un puente por donde está pasando un tren.

Hoy a la noche había una calcomanía pegada en el espejo del ascensor. Decía GRACIAS COBOS y cada O era un huevo, un estímulo testicular al hombrecillo que entró a la historia como el responsable de inclinar la balanza del futuro hacia la derecha.

viernes, julio 11, 2008

Uno ama los pequeños defectos?


Desde hace varias semanas mi hija la nena V. me recrimina que no confieso acá un defecto que ella me descubrió. Para que no me atosigue otra vez esta noche, tomá, acá lo tenés:


Dice que tengo dos formas de reaccionar cuando estamos discutiendo un tema importante: una es decir buá! y la otra es decir mjmj. Digo buá! cuando no estoy de acuerdo con ella y mjmj cuando ella piensa como yo. Buá! se dice una sola vez con un gesto displicente como para descartar de un plumazo el argumento del contrario y mjmj se dice repetidas veces con una leve sonrisa y tono falsamente comprensivo.
Parece que en los dos casos me pongo a caminar y me voy del lugar sin suspender la conversación, asi que ella me tiene que seguir de una habitación a otra porque si no lo hace deja de oírme o yo no la oigo a ella y yo odio que la gente se grite de un lugar a otro de la casa. Reconozco que me cuesta mucho dejar el culo quieto en una silla y me impacienta que el diálogo dure más de tres o cuatro líneas. Debe ser por eso que me voy.
También dice que cuando camino por la calle me desespera que la gente invada todo el ancho de la vereda caminando despacio. Voy serpenteando entre
las personas, los puestos de flores y las paradas de colectivos y a veces camino pisándoles los talones a los transeúntes para apurarlos. V. me imita haciendo eso para hacer reír a su hermano Z. Es uno de sus pasatiempos favoritos. Vuelven muy divertidos y Z. me dice -V. me hizo cagar de risa imitando cómo caminás por la calle!
Varias veces me pegué unas rodadas espectaculares porque el exceso de velocidad hace que una mínima irregularidad de la superficie multiplique el impulso geométricamente y vuele por el aire varios metros. Vuelvo a casa llena de mataduras y eso los hace reír una barbaridad. La vez más terrible fue cuando iba leyendo por la calle sin disminuir ni un nudo la velocidad crucero. Iba detectando los obstáculos con la mirada periférica hasta que para evitar a una señora tropecé con un cantero de cemento y me fracturé dos dedos de un pie. El crujido se oyó varios metros a la redonda.
También me critican otro defecto pero como se manifiesta con menos frecuencia o es menos simpático no se habla tanto de él. Parece que doy directivas terminantes con cierta brusquedad. De eso no me doy cuenta para nada y hasta hace poco creí que era una fantasía paranoica propia de los pueblos históricamente perseguidos. Pero la semana pasada, cuando por fin pasé a la compu la película que filmé el día del cumpleaños 90 de mi amá, me horroricé al escuchar mi propia voz (que se oía mejor que ninguna, porque estaba cerca de la cámara), dándole órdenes a todo el mundo, sobre todo a mi amá. Cuando está por soplar las velitas y pone pretextos melindrosos para no hacerlo, se oye mi vozarrón diciendo:

-Dale, dejá de sufrir un rato!

Un poco antes, mientras ella se queja plañideramente de un percance doméstico, mi voz, la voz del amo, le espeta:

-Tenés noventa años! Aprendé a ser feliz de una vez!

Qué vergüenza que me dio. Cuando edité la peli (con un programa que no conozco) busqué febrilmente el feature para bajar selectivamente el volumen de mi voz en esas partes para no quedar inmortalizada como un moustro y lo hice mal: hay dos o tres fragmentos totalmente mudos que dan una impresión muy triste de tierra arrasada, de cuento de Carver, de familia aniquilada por la depresión. Igual es mejor que oírme arengando a todos para que sean felices aunque sea a patadas en el orto. Pero qué vergüenza que me dio.

viernes, julio 04, 2008

Incardona-Santoro, un solo corazón

Esta es una ilustración de Villa Celina, el nuevo libro de Juan Diego Incardona. Es un viaje de ida a los recuerdos de la infancia villacelinesca, que es diferente a todas, con seres mitológicos y trifulcas épicas y ese nene que era J.D. descubriendo el mundo, que era cuadrado.

jueves, julio 03, 2008


Au secour, au secour!

Quiero unas vacaciones

como las de Ingrid Betancourt!

Llevame al spa de Ingrid Betancourt


Mestás jodiendo? No era que estaba enferma de leishmaniasis y de hepatitis B? Que pesaba 35 kilos y se dejaba morir de melancolía?

La viste como yo, con un equipo safari reochenta de Versace y un peinado onda colegiala rusa? No pesa diez kilos más que cuando la secuestraron? No te encantó la camisa camouflage print con las mangas cortadas, en composé con el gorrito? Y la pulsera étnica de cuero crudo? No tiene la piel mucho mejor que cuando era candidata a presidente?
No me llevarías a un campamento de las FARC y me dejarías seis años en la selva con ellos?

martes, julio 01, 2008

Sin changuito no hay abuela


El changuito es una de esas cosas practiquísimas que nunca tuve. Como me gusta salir y hacer de un saque todas las compras, siempre ando por la calle con los dos brazos cargados de bolsas, paquetes y mochilas.
Miraba con envidia a las señoras munidas de changos y también a mi amá, que tiene uno horrendo, todo desvencijado. Se lo pedí unos días para probar y me produjo un efecto retardado de depresión neurológica. Es decir que no me deprimí el primer día en el supermercado ni al volver a casa, sino tres días después. Sin saber cómo ni por qué empecé a usar chancletas con el taco torcido y un batón de pirineos rosa desteñido con manchas de café y de salsa de tomates en las mangas. Puse el televisor frente a la cama y me quedaba dormida fumando, con ruleros y una redecilla negra en la cabeza. Cuando me dí cuenta de que la causa era el changuito color caca con ruedas oxidadas de mi amá, se lo devolví y en tres o cuatro días me repuse casi por completo. Pero hete aquí que desde que voy a ser abuela se me despertó una atracción irresistible hacia cosas que antes ni consideraba que existieran. Por ejemplo, empecé a coleccionar restos de piolines (los ovillo con cuidado, los ato y los guardo en un cajón de la cocina), y a reciclar las bolsitas de nylon del super (las ovillo también, las apelmazo y las meto en una bolsa deforme que cuelga en la cocina). Como parte de ese cambio hormonal que me sucede, también detecté que me están atrayendo los changuitos. El sábado ví este y lo compré. Es una sensación alucinante: me siento como Imelda Marcos haciendo compras por Miami. En casa no quieren salir conmigo a la calle y cuando me cruzo con un conocido se hace el que no me ve. Debe ser porque ya no se usa el animal print, pero a mí no me importa para nada. Tiene dos bolsillos: en uno pongo la billetera y en otro las llaves. En secreto lo llamo Chango Nieto y mientras vamos por la calle le cuento todos mis problemas.

Salió la Villa Celina de Juan Diego


Es una de las cosas más preciosas que leí.
Todavía no ví las ilustraciones pero te podés imaginar.