sábado, marzo 19, 2011

Algo sobre el arte moderno

Cuando lo diga me voy a acordar de mi apá. Para él, lo único respetable en arte eran los clásicos. Era escéptico y conservador y todo lo que no fuera Beethoven, Mozart, Bach, Goethe, Rembrandt, Velázquez y tres o cuatro equivalentes le parecía sospechoso, berreta, innecesario. Era sorprendente que fuera de esa lista le gustaban algunos exóticos, como Faulkner y Roa Bastos. Y al final, de tanto vivir en Buenos Aires había aceptado, aunque con reservas, a Eduardo Falú, a Mercedes Sosa y a Fernando Fader, que le parecían el máximo de modernismo tolerable. Los Beatles y el rock lo sacaban de las casillas. Yo era amiga de artistas plásticos remodernos y de vez en cuando hacía el intento de enseñarle cosas nuevas. No podía creer que no le gustaran y suponía que podía torcer hacia lados más originales su formación de alemán cuadrado. Él, de tanto que me quería, aceptaba refunfuñando y con la condición de que después fuéramos a clavarnos unas pizzas a Güerrin o un goulasch al ABC. Pero ya desde la esquina empezaba a mirar con desconfianza y se empacaba en la puerta de la muestra con aire ofendido. Al fin entraba haciendo gestos ostentosos de repudio, echaba una mirada alrededor, resoplaba ante un cuadro o una instalación y como si le hablara al artista decía en voz demasiado alta: Ma, andá a laburar!
Después, ante la fugazzetta y el vaso de moscato se internaba en teorías abstrusas sobre lo que es y no es arte que yo no era capaz de rebatir. En primer lugar porque era imposible razonar con él, y en segundo porque me daba mucha risa escuchar sus críticas indignadas. Todos sus argumentos llevaban al mismo punto: el tipo no tenía talento, ni ideas ni técnica y no tenía nada que ver con el arte; se aprovechaba del snobismo del público montando esos objetos deleznables para hacerse pasar por artista, pero en realidad era un vivillo que había encontrado un buen tongo para pasarla bien sin laburar.
La verdá la verdá, a cada rato me pasa que veo muestras de garchas inconmensurables que sólo se explican por el inmenso tedio, el excesivo tiempo libre y la mirada autoreferencial, cuadros con miles de rayitas monótonas, esquemas sin gracia trazados sobre la página de un cuaderno y exhibidos como si fueran el germen de un nuevo movimiento artístico, telas pintadas en una forma horrible por un autodidacta que cree que no tiene nada que aprender de nadie, y aunque no se me nota porque soy más civilizada que mi apá, maldigo la soberbia de esos zopencos que por alguna razón secreta se autodenominan artistas y digo mil veces para mí delante de cada objeto Ma, andá a laburar! y después me voy a morfar una porción de fugazzetta y una de muzza con un buen vaso de moscato helado, que levanto apenas y en silencio en homenaje a mi apá.

7 comentarios:

Tommy Barban dijo...

Uy, justo que estábamos pensando el menú para cuando vinieras a comer a casa, ahora me da un poco de miedo que le prendas fuego al díptico de Lacarra.

Anónimo dijo...

Volviste!!!!!
Raku

Nicolás Nunca dijo...

Celebro contigo.
Hacé de cuenta...sí.
No olvidés pasar por mi otro blog,
entregasdesdeltiempo
y leer algún capitulo del libro que estoy publicando.
En homenaje ud, transcribiré el que versa sobre la pintura.
Una suerte, un viejo como el tuyo,
como el mío, como mi vieja,
"ma si...andá a laburar"
como dijera el Choncho Lazaroff en su canción...
"dejáte de artesanías y arranca´pa las ocho horas" sería el análogo de la frase de tu papá, seguramente.
Me encanta tu blog.
un abrazo orillero, que cruce el charco.

Nico

ericz dijo...

Que bien apá.

Mascaró dijo...

Te estás volviendo vieja

myrna minkoff dijo...

Mascaró,

estás desactualizado, cariño: hace más de veinte años que me estoy volviendo vieja y a esta altura ya soy viejísima.

Anónimo dijo...

me muero mueeertaa! que bueno que encontre este blog!