lunes, enero 07, 2008

No se dejan querer

El domingo mientras yo me tomaba el buque todos los que leían El Observador, un diario uruguayo, encontraban esta nota en la contratapa:


Embalurdar porteños

“No se puede”, dijo. Bastaron sus palabras para apagar la discusión. Meneando la cabeza, agregó para sí, como rumiando su destino: “no se puede embalurdar a los porteños”. El paco (con minúscula porque no es por Francisco sino por el sustantivo de su instrumento de trabajo para engañar al prójimo) es famoso porque una vez perdió una alpargata en la disparada y entonces se vendó el pie descalzado y salió a pedir limosna para comprarse zapatos; todo un ascenso social. Él sostiene el teorema de que los porteños se embalurdan solos con Uruguay y los uruguayos de modo tal que llegan ya convencidos de que esto es lo mejor. La intención del engaño, de la seducción, de la exageración, se muerden sus respectivas colas. Es frustrante, yo sé.

El dulce de leche de acá es mejor, la gente es mejor, la ciudad es mejor; somos civilizados y respetuosos en la calle. Está dicho que “Montevideo es la ensoñación porteña de un lugar decente”. Sólo que viene agravándose con los años. Sin ir más lejos, encuentro abundante testimonio de esta forma de delirio bien intencionado, de prejuicio positivo, de exageración irredenta, en la blog de una porteña que debe estar medio tocame un vals, como todas ellas, y que se ubica en viejossonlostrapos.blogspot.com; lo consigno para que no digan que uno engaña al lector. Se podrá ser descuidista por nacionalidad, pero con el lector, la madre y la ropa no se juega.

Dice; de verdad dice: “Ayer a la tarde salimos a caminar y en una hora llegamos hasta la playita de Buceo. Se hacía de noche y vimos unos bares con sombrillas de lona y techitos de paja. Pedimos unos chipirones con cebollas, miniaturas de pescado y un Pinot Gris que nos llevaron a la mesa en un balde de hielo que los orientales llaman champañera. Se fue llenando de gente hasta que todas las mesas estuvieron ocupadas. Llegaban más y más personas pero nadie apuraba a nadie: ni los que estaban muertos de hambre ni los mozos. El nuestro era un amargo total, con la cara fruncida como si acabara de tomar un vaso de vinagre. Se olvidaba de todo, perdió el sacacorchos, trajo rodajas de limón mezcladas con una montaña de mayonesa de sachet, pero tenía humor, el típico humor ácido que te provoca el vinagre. Entre la gente que esperaba había un ciego que era guiado por una señora coja con esos andadores que parecen mesitas de televisión. Ni siquiera ellos tiraban mala onda: subían y bajaban con gran dificultad motriz y visual pero sin ansiedad los escalones ida y vuelta hasta que decidieron esperar sentados en un banco. (...)

Volviendo encontramos la primera heladería en todo este tiempo, pintada con esmalte mate violeta y naranja y con un menú de doce gustos, una modestia total. Me hizo acordar a Copelia, la heladería de La Habana.”

Si encuentran encanto hasta en el malhumor de un mozo improvisado, creo que puede darse el teorema por demostrado. Pero hay más: “Algo que me da mucha ternura es lo modestos que son en la República Oriental. Todos están tranquilos, nadie jode con la bocina, nadie está apurado. Nadie tiene aspiraciones disparatadas como en Buenos Aires. Las promesas son acotadas y nadie exige más que eso.”

Ternura, le damos; ¡por favor! Y se agrega el comentario de una lectora que demuestra sin apelación el punto de que ya vienen embalurdados: “Esta noche salgo para Uruguay. Deberíamos aprender mucho de Uruguay y los uruguayos.” Y le contestan: “sí, son muy adorables, muy serios y muy tranquilos. No son faroleros como los porteños. Hasta en la arquitectura se ve. Todo es más austero y más sencillo y por eso mucho más elegante”. Clemencia, pedimos clemencia ante tanta insensatez.

Mas insisten en el dislate sin pudor: “Eso de decir "pero" debe ser parte de la melancolía tan hermosa con que viven. Me contaron que hasta festejan el Día de la Nostalgia! Es preciosa una sociedad que no se siente en la obligación de ser ganadora y triunfal.” Bueno, pero ganar alguna vez no estaría mal.

21 comentarios:

Fulvio Jácher dijo...

Embalurdar, lindo infinitivo.
De chico al que me decía balurdo lo invitaba a la salida a aclarar las cosas duelo pugilístico mediante.
Así me iba.
Tarde entendí que el único duelo posible es con floretes.

Anónimo dijo...

si les regalas algo lo pueden tener guardado dos años y si les decis que tal cosa te gusta te dicen:"a las ordenes" y estan como obligados a prestartelo..igual son tan correctos que nadie hace uso de ese derecho.
Cariños
A

Anónimo dijo...

grande, ememe, sos internacional!

una desconocida

borba dijo...

No me queda clara la postura del editor (y no me digan q no la hay) ...Alguien me ayuda porfis?
Besos,
borba.

EmmaPeel dijo...

Hola Washi, soy yo, la fan de Patricia! déjense querer, no sean chúcaros!

(este mensaje es para todos los embalurdadores vecinos que empiecen a leer VSLT a partir de la nota, bienvenidos!)

meki dijo...

Son adorables!

MissM dijo...

ememe!
me dejas helada! como uruguaya y ávida lectora tuya q soy, disfrute tus posts pasados de cuando visitaste la capital y el barrio (ya q vivo a unas cuadras de donde te estabas quedando, tus descripciones y relatos de cómo leen, escuchan, absorben, sienten, etc, nuestro imaginario colectivo oriental.

Si bien el observador es el 2º diario del país, el periodista o colaborador q redactó la editorial seguramente sea el clásico uruguayo nacionalista al mango q lo unico q disfruta hacer es despotricar contra el "porteño" y se llena la boca diciendo q los de aca somos mejores.

Dicho por una uruguaya: los orientales tenemos lo nuestro, a la vez que también lo tienen los argentinos, o los "porteños" de cap. fed, pero de ahi a colgarse de eso para tratar de levantar el ego pigmeo de alguno...por favorrrr...q feo....

segui así ememe...disfruto mucho de tu blog!

slds...
MissM

Apollonia dijo...

Qué cosa más rara...

O yo entendí mal o al tipo éste le molesta que a alguien más le guste su ciudad.

No sé, como una especie de gataflorismo.

Pero qué raro, che. En fin, felicitaciones por las repercusiones de su blog.

Abrazos,

Anónimo dijo...

no entiendo yo tampoco, a él le molesta que digas cosas lindas porque las estarías exagerando?
hay que saber aceptar cumplidos.
hoy vi una acuarela tuya muy pero muy linda.
anaf.

ememe dijo...

me parece que al periodista le gusta que los queramos pero quiere más arrumacos. "Andá, eso se lo dirás a todas!" está diciendo.

ememe dijo...

fulvio,

te decían palurdo, no balurdo. Lo que pasa en que la edad escolar todos los nenes tienen la nariz tapada.

Fulana dijo...

hasta ganar algún premio ememe no para... aCsolutamente de acuerdo con Apollonia... el chochamu está cabrero...está, che...demoslé un cacho de cariño, seguro te sigue leyendo.

basilia dijo...

a mi me había gustado muchísimo leer una descripción de colores pasteles tan acertada. ahora, el complejo de inferioridad abunda en el diario "ese". siempre hay opciones si se quiere ser más, con respecto a qué, y para quien o ganar lo que de qué. por favor!

Anónimo dijo...

Yo creo que no se bancan ser observados y que aunque sean elogios es como que lo bueno no tiene porque destacarse
no se si me entienden
Raku

ilsebe dijo...

Los yoruga son adorables hasta que les agarra el complejo de inferioridad

ememe dijo...

Bueno, ahora resulta que todos los porteños tienen algo que criticarles a los orientales. Mucha cosita, mucha cosita, y en realidad pensamos que son resentidos,demasiado correctos, gatafloros, ingratos, con complejo de inferioridad, que no se bancan ser observados... debe ser por eso que no nos quieren.

Anónimo dijo...

Hola,,
bno soy de uruguay
llego a tu blog porque
lo vi en el diario
del observador
lei el articulo y m intereso
y entre..
mira,, lo de la balija
tenes qe entrar y salir o correr cn balijas para viajar,, es cmo,, noc como c llama,, como una costumbre no todos lo hacen pero es como para querer viajar en el año qe comienza algo asi..es una costumbre como las doc pasas x cada mes del año.. o.. romper un bazo (no c xq es) o brindar parados sobre las sillas,, noc cosas..

No c que qiso dcir el periodista,
no creo que sea complejo de inferioridad sino,, saber lo que piensan otros de nuestra ciudad supongo,, pero noc..
la verdad m gusto lo qe escribistes de mi pais!..
muy bno el blog..



saludos

Anónimo dijo...

ememe
postea
no seas trolor
da para fiestocha la semana que viene?
la primerita del año
y cuento toda mi verdad
pero toda
Cariños
A

Fulvio Jácher dijo...

También necesito posteo.
Si no comento en este blog me agarran chuchos de bajón.
Háganos la gauchada.
Los embalurdadores del Obervador van a creer que se apichonó.

Sylfax dijo...

No hay que hacerle mucho caso al Observador... diario neoliberal que nunca ve nada bien acá y se la tira de "objetivo".
A mi me gusta que quieran a mi ciudad de esa manera. Me gusta mucho.

Anónimo dijo...

Yo lo que pienso es que el periodista uruguayo siente que los porteños hasta con sus halagos los colocan en una posición de inferioridad. Pero si a las claras se ve que los tratan como unos zonzos, exagerando el uso del término "adorable", situándolos por debajo siempre de ellos mismos; y lo digo porque conozco muy bien a esa clase de porteños (y quiero diferenciar porque por suerte no es universal esto, hay excepciones que son las más, pero ese puñado de porteños que actúan con estos aires de superioridad nos hacen quedar mal en el mundo a TODOS los argentinos, y ya estoy cansada de la mala imagen que van dejando internacionalmente. Me gustaría que esto también lo supieran afuera, para que cuando se quejen no generalicen hablando de los ARGENTINOS, sino simplemente de los PORTEÑOS. Las cosas por su nombre). Y no sólo tienen este tipo de trato encubiertamente -a veces- despectivo con los amigos uruguayos sino también con la gente del interior de la propia Argentina. Y no digan que esto no es cierto porque estos aires de sentirse más que los otros que tienen ciertos ejemplares nacidos en la Capital viene de larga data eh... y si no revisen la historia argentina y van a tener una respuesta bastante clara a sus dudas y a su inocente y afectada ignorancia de por qué los atacan 'todos' los demás.