miércoles, diciembre 26, 2007

Buenos Aires-Montevideo






25 de diciembre

Cruce del Río de la Plata a bordo del Eladia Isabel


Todos los que van a Montevideo en este viaje son argentinos o europeos. Aunque son las 4 de la tarde siguen under the influence del morfi y la resaca de Nochebuena. Se rempujan frente a las ventanillas con su billete de Buquebus en la mano; los argentinos con la clásica cara de culo nacional y los extranjeros despistados porque el lugar está en obra, la señalización es confusa y no saben si deben hacer cola ahí o en la ventanilla de al lado. Nadie los mira, nadie les contesta. Van hasta delante y preguntan en italiano, en alemán, en inglés, y los empleados les hacen gestos vagos con las manos para orientarlos. Cuando vuelven perdieron su lugar en la cola y los argentinos les hacen con el pulgar hacia atrás, que se pongan al final.

Dentro del paquebote los extranjeros acomodan su equipaje bajo el asiento para no invadir el espacio entre los asientos. Los argentinos distribuyen las valijas y las mochilas en los asientos vacíos y en el pasillo tratando de ocupar el mayor espacio posible. Las mujeres con nenes actúan con una impunidad mayor: abren la valija, extraen ropas, pañales, mamaderas, sachets de leche y van armando un pequeño campamento sórdido alrededor de su persona. Los nenes más grandes piden plata, corren al kiosco, vuelven con maníes y papas fritas y se ponen a morfar sin darle al Eladia Isabel ni tiempo para zarpar. Todos en general toman y comen todo el tiempo, aunque todavía están digiriendo (con dificultad) el lechón, el pan dulce y los turrones de maní. Los nenes comen y corren al mismo tiempo y arrojan migas de papas fritas dentro de la valija abierta y sobre la cabeza del hermanito que también toma una mamadera tras otra sin respiro como un chainsmoker de leche. Curiosamente, las madres no parecen irritarse por la violencia aeróbica/gastronómica que las rodea. Miran lánguidamente al nene y le sonríen cuando para no caerse se agarra del pantalón del señor de al lado con las manos engrasadas. Las argentinas leen Para Ti y Vogue en español; los argentinos leen el diario de ayer porque hoy no sale. Después, todos desparraman su revista abierta y su diario deshojado sobre el piso y se duermen con las piernas y la boca abierta. Los extranjeros se conectan el Ipod, cierran los ojos y tratan de entrar en un estado zen que los sustraiga del espectáculo.

Un parlante anuncia que se abrió el free shop. Todas las argentinas nos levantamos del asiento al unísono. Como un predador adaptado para detectar su alimento en la jungla, detecto instantáneamente la botella de bourbon que estoy buscando. Es el combustible que necesitamos para cumplir nuestro plan, que es escribir, leer, caminar por la ciudad al atardecer, volver al hotel, tomar unos bourbons y seguir escribiendo. Examino la etiqueta con ojo clínico. Dice que tiene 1 Liter. Está bien: justo para dos semanas. Cazo también 14.1 Oz. de chocolate negro 85% cacao, alimento esencial para el cerebro del escritor.

Las argentinas ya somos decenas. Unas esculcan los percheros con ropa norteamericana de la temporada anterior y otras se prueban anteojos de sol con el logotipo Dior estampado en letras blancas enormes sobre las patillas negras. Hablan muy fuerte, tratan a los empleados como si la esclavitud no se hubiera abolido en 1813 y ocupan todo el ancho del pasillo con los canastos de plástico, los codos y el culo como si fueran las únicas personas a bordo del Eladia Isabel. Una pareja de novios muy jóvenes discute frente a un espejo si es mejor la boina Kangol que quiere él o el sombrero Versace que quiere ella. Ella dice tarado, éste es mejor, tarado, comprate el Versache y él le contesta hacé lo que quieras, tarada, total la plata es tuya, yo llevo la Kangol azul, tarada.

Tres adolescentes porteños llegan a la caja con una botella de whisky y un cartón de cigarrillos. Hablan jovialmente intercalando la expresión bolúo cada cuatro palabras. Se ríen, se empujan y discuten un largo rato cómo van a pagar, hacen la cuenta de cuántos dólares le corresponde pagar a cada uno, bolúo, sin percibir que detrás de ellos se acumulan quince personas esperando para pagar. Finalmente un petiso con camiseta blanca y bíceps hipertrofiados decorados con muchos tatuajes les grita desde el extremo de la cola: -Che, bolúo, dejate de joder, tómenselá, terminenlá, loco! Los tres pendejos se quedan mudos, uno paga, meten el whisky y los cigarrillos en una bolsa que dice DUTY FREE SHOP BUQUEBUS y se escabullen fuera del alcance del petiso justiciero. Yo vuelvo a mi asiento, que está en el sector A, abajo y al fondo. Al final hay una puerta pesada que da a una cubierta, al aire libre. Tiene un cartel con un signo de prohibido en rojo que dice SOLO TRIPULACION en inglés y en un dialecto del finlandés. Cada quince minutos llega un grupo de argentinos. Van hasta la puerta, forcejean con la manija de acero, la sacuden, la fuerzan, le pegan un empujón con el hombro y salen. Se quedan un rato fumando de cara al viento para que el pelo no se les despeine hacia delante, que es tan incómodo. Después vuelven a entrar forcejeando la puerta en sentido inverso.

14 comentarios:

Fulvio Jácher dijo...

Claro caso de antinacionalismo en vacaciones.
A mí me sucede lo mismo.
Las aglomeraciones veraniegas ( dígase costa uruguaya, brasilera o argentina ) disminuyen notablemente mi capacidad de tolerancia.
Por eso, desde hace unos años, le hago caso a una tía y salgo a contramano de toda la gente.
Para esta temporada alquilé un chalet a la vuelta de un prostíbulo en Remedios de Escalada.
Salgo después de reyes y tengo tres cuchetas.
Dejo abierta la invitación.
La manguereada en el patio será la vedette del hedonismo.

ememe dijo...

qué divinidad de vacaciones, Fulvio, con la manguera en el patio y el quilombo a la vuelta!
Nosotros hace cuatro años que veraneamos en BA y lo pasamos bomba, sobre todo en enero, cuando todos se rajan. Pero estas dos semanas de falso invierno encanutados en un hotel escribiendo son de lo mejor de nuestra historia de vacaciones. También voy a dibujar mucho. Me traje mis Art Pen, mi cajita de acuarelas Winsor y Newton y mucho papel del bueno.

Fulvio Jácher dijo...

Mis instrumentos de dibujo: tinta china Eureka, plumín descartable ( ese de canuto naranja ), papel Canson medio pelo ( en el barrio "papel del bueno" le decíamos a otra cosa ) y témperas Alba.
Que disfrutes de tus vacaciones con encierro literario.
Si te sobran unos días te invito a Escalada a remojar las patas.

meki dijo...

¿Dos semanas? Disfrutá de jugar al invierno.
En enero, aprovechamos la ciudad desierta y vamos de chópin, que nos lo debemos.

cronista sentimental dijo...

¿así que el bourbon es la respuesta? a veces etoy leyendo a la noche y tengo unas ganas terribles de tomar una copa de vino pero no lo hago porque me da sueño, entonces no puedo seguir leyendo.

¿no se puede salir más a la cubierta del buquebus? era lo más lindo de ese viaje, si uno lograba ignorar todo lo que vos describís tan bien...

ojalá el invierno dure dos semanas!

ememe dijo...

fulvio, esos plumines son los mejores, aunque a veces raspan el papel. De los art pen lo que me gusta es que sirven para viajar porque tienen cartucho.
Los verdaderos artistas son como vos: hacen cosas buenas en cualquier papel y con cualquier instrumento. Cuando yo me quejaba porque no tenía tiempo ni lugar para escribir, mi apá me decía que Faulkner escribía en el papel engrasado del sánguche, apoyado en una carretilla durante la hora del almuerzo en su trabajo de minero. No sé si me equivoco y no era Faulkner, pero me parece que era. Con eso me quería decir que si uno tiene algo para decir con su arte, puede hacerlo bien aunque no tenga artpen ni papel de acuarela de 300 grs. Pero eso me hace pensar que cuando vuelva te voy a hacer un regalo mejor que el dulce de naranjas que te da náuseas.

ememe dijo...

meki, bomboncito paraguayo!
en enero vas a estar? Yo vuelvo el 8 y vamos de compras, sí?

ememe dijo...

cronista,
no, no se puede salir más, con lo lindo que era acostarse en la cubierta! Eran preciosos esos viajes, sobre todo de noche. Ahora te hacen entrar como al ganado en un brete y te acomodan en una especie de pizzería flotante cerrada herméticamente. Siempre pienso que si se hunde nos ahogamos todos y quedamos flotando dentro del recipiente.

Julie medio y medio dijo...

Sra. Ememe:
Seguro ya se dio una vuelta, pero en el Punta Carretas hay una papeleria en el subsuelo con una variedad di vi na de cosillas para pintar y dibujar...
¿Porque será que el free shop adopta un look tan supermercadesco?.. cambiando latas de puré cica por anteojos dior, claro.

Maria dijo...

Por todo lo que contas, siempre odie viajar en el Buquebus. No se porque el cruce del rio argenteo exacerba esos rasgos detestables del argentino en transito. Mejor la lanchita Cacciola a Carmelo, aunque el riesgo de morir ahogado es mayor. Hay que llevarse la bandera para hacer la gran Mariano Moreno y listo.

meki dijo...

Sí! En enero vamos de compras!!!
Que tengas unos días divinísimos, que comas rico, que leas, que escribas, y todo así.

Fulvio Jácher dijo...

Gracias ememe.
Al dulce le estoy dando parejo.
Me estoy guardando un poco para mis tardes en Escalada.
Entre manguereada y manguereada, empujaré con mate ( amargo ) tostadas con manteca y dulce.

Anónimo dijo...

ja ja ja
te amo,
un desconocida

Jorge Ramiro dijo...

He hecho ese viaje durante mucho tiempo ya que tengo una Casa en alquiler Montevideo y vivo en la ciudad de Buenos Aires, por eso viajo constantemente de una a otra ciudad