domingo, marzo 31, 2019

Pensándolo bien

Lo leo unos días después y el final del post anterior me parece totalmente ganso. Eso de la envidia que te da que dos estén chaca chaca todo el día es un lugar común que tiene poco que ver con la realidad. La parte más linda del video de los bichos de San Antonio es cuando él le lame o le acaricia con el hocico el lomo a ella, no cuando la sacude como un energúmeno presa de ansiedad eyaculatoria (digo él y ella porque me imagino que en el mundo de los insectos es impensable la posibilidad de que sea la hembra la encargada de ese trabajo, como a veces sucede en nuestro mundo).

viernes, marzo 29, 2019

Una pasion insectuosa

https://photos.app.goo.gl/5qrQWd54LaivSong9

Mi tortuga se llamaba Reina porque el director del Zoológico me explicó que era una hembra. Me señaló una concavidad en la parte de abajo que según él era el dato para asegurarlo. Unos años después un amigo que se mudaba me pidió que tuviera a su tortuga por unos días. La puse al lado de Reina en la terraza. Después de diez minutos de contemplarse impávidas, Reina se dirigió a gran velocidad a la parte posterior de la tortuga visitante y con una agilidad sorprendente la montó y fue desenrollando desde algún lugar misterioso bajo el caparazón una especie de tripa húmeda helicoidal con todo el aspecto de un cordón umbilical. Pensé que los celos o la competencia por el territorio le habían provocado un destripamiento de consecuencias fatales. Pero no. Los movimientos que hacía y una especie de gemido rítmico que emitía con la boca cerrada eran más elocuentes que cualquier película porno. La cosa duró más de media hora, y en los días siguientes se repitió y se repitió a la misma hora, bajo el sol, dale que dale, con tanta intensidad que los gemidos se oían desde el piso de abajo. Te preguntarás qué decía la tortuga visitante. Por lo pronto no dijo que no, y su única reacción era mirar para los costados y hacia arriba como distraída, como pensando si va a llover o no va a llover. La historia sigue, pero sólo quería recordarla para decir que los humanos nos creemos los mejores del mundo en todos los campos y sin embargo en cuanto al erotismo somos unos chitrulos comparados con otros primates como los bonobos, y hasta con las tortugas y con los insectos como estos dos bichitos de San Antonio modelo beige que le dan y le dan un mediodía escondidos en el borde de una silla con una pasión que da un poco de envidia.

domingo, marzo 17, 2019

Acá también pasaron cosas

En la foto se pueden ver algunas. Como la imagen es desvaída, te la traduzco. Es una puerta. Es la puerta del cuarto llamado El Nietódromo, que creamos para nuestros nietos. Por eso le pegué una gran letra N arriba. Abajo fui pegando las iniciales de los nietos en orden de aparición.
Hace diez años y cuatro meses, L. 
Hace diez años T. 
Hace nueve años y siete meses, M. 
Hace ocho años R. 
Hace cuatro años P. 
Y hace catorce meses EE.
El cuarto tiene una parte zen con un futon y nada alrededor, y otra parte caótica con un enorme metegol, libros y juguetes enquilombados. Nunca vienen los seis nietos a la vez. A lo sumo vienen tres, porque uno vive muy lejos, otro vive lejos y otra vive un poco lejos.
Además los grandes prefieren estar abajo dibujando o viendo una película y la más chiquita está siempre con una persona grande, si tiene tetas mejor.
Todas estas cosas que pasaron me tuvieron un poco distraída durante estos años, pero ahora que vivo sola tengo más tiempo libre para pensar boludeces y para divagar en público, que es lo que me gusta hacer en mi block.

domingo, marzo 10, 2019

Se acaba la pernada estival

Cuando empieza el frío me pongo triste. Igual, en lugar de darme por quedarme en casa como antes, ahora me da por salir y entristecerme al aire libre. Pero en la calle me parece que todas las personas están deprimidas. Nos veo como fantasmas arrastrando los pies sin voluntad, como autómatas desorientados.
Lo único que me alegra del frío es que por algunos meses cesa la exhibición de piernas masculinas. Casi todas son abominables y cubren la gama más amplia del horror; desde las pornográficamente gruesas como barriles que pertenecen a hombres fornidos, hasta las finitas, pálidas y lampiñas que se encuentran debajo de gerontes que han decidido vivir sus últimos años siendo modernos. No se sabe qué es peor.
Cuando andan en piernas por la ciudad los hombres actúan distinto que con pantalones largos. Andan anadeando como bebes sobrealimentados o bien tratan de compensar el espectáculo lamentable que ofrecen poniendo cara de gran severidad. Debe ser porque no están acostumbrados a mostrar esa parte y se ponen más autoconscientes que de costumbre.
Convivir con esas piernachas en los colectivos y en los subtes es una experiencia aparte. Si con ropa normal muchos se sientan con los muslos en V como diciéndole al mundo "mirá que grandes tengo las bolas que no puedo juntar las piernas", cuando tienen pantalones cortos las separan aún más, seguramente para que no se les peguen entre sí por la viscosidad del sudor. Entonces es más difícil lograr que las cierren y dejen lugar para una o dos personas en el asiento. Yo siempre les pido que las junten y lo hacen a regañadientes. Los jóvenes no suelen ser agresivos con sus piernas. Las llevan con naturalidad, posiblemente porque saben que o por lindas o por neutras no son armas atómicas de agresión masiva.

jueves, marzo 07, 2019

Myrna Minkoff no ha muerto

y vuelve a la carga.
Pasaron más de cuatro años desde el último post, y sería una ilusión infantiloide esperar que vuelva lozana y alegre como si nada hubiera pasado. Los años se ven y se sienten, pero estos últimos, del 16 en adelante, son excepcionales porque fueron un curso acelerado de decepción, humillación, pérdida de dignidad, indignación, impotencia y miedo para todos menos los veinte que se beneficiaron con el cambio de rumbo. No me estoy quejando porque a mí no me fue tan mal, gordita. A mí me fue menos bien que en los 12 años anteriores, pero no me malaxaron con una trituradora como a casi todos los argentinos.
Tengo una familia, una casa y una profesión, privilegios que te mantienen la nariz fuera del agua. Pero mirando alrededor no puedo dejar de ver los manotazos de los ahogados y los tiburones nadando en círculos para clavarle el diente a lo que queda del naufragio.
No vuelvo al blog para quejarme sino porque lo recordaba con nostalgia. Para quejarme y putear tengo otros lugares. Muchas veces pensaba en lo lindo que fue comunicarme con esos lectores recurrentes con los que nos hicimos amigos, amigos de verdad hasta hoy con muchos de ellos. Hicimos festicholas, se formaron y se deformaron parejas, algunos se fueron a vivir a otros países pero quedamos conectados y seguimos intercambiando información, apoyo y amor como huérfanos egresados de un asilo de niños con problemas.
Me gustaba escribir en el blog tanto como aborrezco facebook, twitter, messenger, instagram y todas esas formas de contacto espasmódico. Me dan vértigo las tocaditas instantáneas de las redes, que son pura descomunicación forrada de simpatía. Detesto a los y las pelotudazos y pelotudazas que exhiben sus selfies todo el tiempo y más aún a los que escriben guauuu, qué diosa, qué linda, cuánto amor, te quiero, corazoncito verde, corazoncito rojo, cara con besito, como comentario bajo fotos que son una garcha patética.
Los lectores del blog, por lo menos los de Viejos son los trapos de hace una década, decían lo que pensaban de verdad, criticaban, discutían y se peleaban, todo eso que en las redes está muy mal visto. Acá puedo decir pelotudazo y pelotudaza. Allá hay que ser políticamente correctes, inclusives, civilizades, tolerantes y tolerantas y aunque eso es muy bueno para el futuro de la humanidad, es tan forzado que a mí se me acalambran los músculos maxilares de tanto sonreír
Esto del blog es más suave, más sincero, más profundo, me parece a mí. No voy a dejar de existir en las redes porque me sentiría como Unabomber aislada en medio del bosque, pero ahora la verdadera yo está otra vez aquí, en Viejos son los trapos. Ojalá que vuelvas.

viernes, junio 27, 2014

miércoles, junio 25, 2014

martes, junio 24, 2014

Dentro de tres días te muestro la tapa

Andá leyendo.

sábado, junio 21, 2014

Argentina - Irán por Teodoro Livingston

jueves, junio 12, 2014

Garrate que sale mi libro

Recién a fin de mes. Antes no puedo decir nada, ni el nombre ni nada.
Está buenísimo. Esta vez no traté de ser seria y profunda, sino que escribí como soy (ridícula y superficial, decilo nomás), sobre lo que pienso de la medicina, de la industria farmacéutica, de la situación de los médicos y de los pacientes. A mí me encanta y a todos los que lo leyeron también.
Mañana voy a filmar una cosa que se llama book trailer, que viene a ser como la cola de las películas, un fragmentito como para crear ganas de leerlo y dar un poco de información sobre el tema.
Mirá que seria y profunda que soy que desde ayer estoy pensando en ropas posibles con pensamientos obsesivos como:
1. Una blusa blanca da más doctora, pero también me hace parecer más dagor.
2. Una remera larga negra da canchero, pero me marca demasiado las gomas y doctora con gomas da película porno de acá a la China.
3. Una camisa clarita siempre queda bien pero es como de dentista, ni fu ni fa.
4. Remera blanca y blazer negro? No es como de vendedora de Zara?
Tampoco sé si me van a tomar entera. En ese caso tendría que pensar también en la parte de abajo:
1. Pantalones apretados? Con qué zapatos? Bajos parezco una garza. Altos me doblo sin querer porque me queda muy bajo el centro de gravedad y lo que sobra para arriba tiende a equilibrarse perdiendo la vertical. 2. Pollera hasta la mitad de las pantorrillas y que me asomen la peor parte de mis piernitas?
3. Pollera corta con la que parezco un globo aerostático con desperfectos?
4. Jeans hechos percha como los que uso todo el día? Con botas arruinadas? Y encima una remera y un blazer? No pasaría a ser el segundo ejemplar de ViejaDecrépita que se cree MuchachitoRebelde después de Beatriz Sarlo?



domingo, mayo 11, 2014

Qué feo que te eclipsen la muerte

Hoy a la mañana la noticia de la muerte de Miguel Brascó estaba en la primera línea de La nación. A la tarde temprano la empardó Carmen Argibay y Brascó pasó al fondo de la página. Sus notas necrológicas pasaron a la velocidad de un cuete espacial,  de la primera plana a la mescolanza de crímenes irresueltos, negocios turbios y declaraciones de impresentables. Qué bronca le hubiera dado de haber estado vivo. Por lo menos que te den un rato para ser el muerto del día.
Lo primero que hago a la mañana es leer las necrológicas de La Nación. Siempre lo hice cuando el diario era de papel y ahora no podría empezar el día sin hacerlo. Igual para los dos fiambres de hoy no era necesario ir a la sección Fúnebres.
Bueno, cuando me muera, si soy famosa, quisiera durar por lo menos un día completo en la primera plana. Al día siguiente que se muera el que quiera, pero que no me eclipsen mi momento de gloria.

jueves, mayo 01, 2014

Introducción al primer tomo de la colección Naturalismos para que te vayas entreteniendo

Cuando se habla de países y de barrios, norte siempre es mejor que sur. Al norte están los países más cool y al sur del sur estamos nosotros, los argentinos. Será porque el norte es arriba, y arriba están el cielo, el aire puro, las ideas y Dios. En cambio abajo es el lugar del barro, el infierno, el sexo, el culo y las chancletas.
Este fenómeno también se observa en Buenos Aires, donde el norte brilla por encima de la modesta realidad de los barrios del sur. Durante muchos años viví más al sur, en San Telmo. Había pobreza, mugre, gritos y botellazos pero las personas era normales, tal vez por falta de presupuesto o de tiempo ocioso. Y eran iguales todos los días: no mutaban los fines de semana en un desfile de seres bizarros.
Ahora vivo en el Barrio Norte, un microclima en el que abundan especies raras, vistosas, algunas en extinción. La calle es un catálogo de la decadencia en sus formas más floridas. Ex ricos, ex lindas y ex jóvenes se pasean como si fueran ricos, lindas y jóvenes, aunque la artrosis, las rodillas hinchadas y los zapatos viejos los obligan a andar despacio y en distintos ángulos de escora. Los domingos, cuando lanzan series especiales que no se ven durante los días hábiles, salgo sólo para ver pasar los ejemplares más fascinantes. Después, siguiendo la tradición de los naturalistas, vuelvo a casa y los dibujo para no olvidarlos.
Acá la gente vive más que en otros barrios. Quizá por la vida relativamente descansada, o por la ración diaria de proteínas que recibieron en la infancia, muchos llegan a una edad muy avanzada en aceptable estado de salud. Algunos tienen tantos años que han ido perdiendo el relleno y sólo les queda la cascarita exterior de lo que fue su persona. Sin embargo se siguen teniendo en muy alta estima; le dedican tiempo y
esmero a su arreglo personal aunque son poco más que su mero esqueleto y la ropa que lo cubre.

martes, abril 29, 2014

NATURALISMOS

es el título de una serie de libros ilustrados que estoy haciendo poco a poco y que por ahora a ninguna editorial le interesan.
Son cuatro tomos. Cada uno presenta una versión del naturalismo, que si no sabés lo que es te digo que es un movimiento o filosofía o pensamiento, no sé, que considera a la naturaleza como el principal principio de la realidad, para decírtelo a lo bestia, igual lo vas a entender.
Bueno, yo siempre compartí esa idea. No es que me parezca una pavada la electrónica, ni la microcirugía, ni google ni toda la infernal parafernalia de inventos que producen los humanos, pero si querés que te diga la verdad, me sigue pareciendo mucho más impresionante una berenjena que una fertilización in vitro.
Muchas veces me imagino que llega a la Tierra alguien de otro lugar y mira por primera vez un huevo, una azucena, un tigre, o que huele una hojita de romero o un jazmín, o que ve una planta llena de tomates, o el desfile de las nubes ida y vuelta haciendo morphing todo el tiempo y pienso que se quedaría de una pieza preguntándose quién fabrica todo eso tan increíblemente fabuloso. Fijate que ni siquiera te hablo de las cosas lindas que ya sabemos  (atardeceres, amaneceres, las mariposas, el mar, las montañas y todo eso que de tan bonito es una grasada), porque también te puedo recordar el culo del mandril y puedo agregarte la sangre brotando de una herida, los gusanos arremolinados en un cadáver, los intestinos enroscados en una panza, el moho que aparece sobre el pan y puedo seguir así durante horas y todo lo que te diga sigue siendo un catálogo infinito de imágenes maravillosas.

domingo, abril 27, 2014

Qué hago cuando creés que no hago nada

Fuí abducida por mis nietos. Cuatro en un año. Me cagaron a nietazos entre 2008 y 2009 y quedé medio como el pato Donald girando sobre mi eje tratando de acomodarme a la nueva situación. Es que después de ser madre, no hay nada más trastornante que ser abuela. Tardé como un año en recuperarme física y psíquicamente de cada hijo, pero todavía no me recuperé del shock de entrar en contacto con esos cuatro renacuajos que mutaron en lechones y más tarde en monos.
Caí dentro de una bola de amor gigante que rueda hacia un vértigo de preocupaciones a cada rato, primero recalentada por una ternura como nunca la conocí, después presa de un batido a nieve de pasión sin límites visibles y enseguida un baldazo de hielo picado y vuelta a empezar con la bola de amor, una y otra vez. En eso estoy, pero recuperándome. Los cuatro monitos ya saben decir lo que sienten y los melones se acomodan en el carro cada día mejor.
Después, me operaron de algo sin importancia pero igual la experiencia te la regalo.
Después me casé con mi chico terminados los 20 años de convivencia que consideramos periodo de prueba suficiente.
Antes publiqué Pandemia, pero creo que eso ya lo sabías.
Después pero mientras tanto escribo mi novela que arrastro como una chancleta pegajosa desde hace ocho años, y la suspendo para escribir en siete meses un nuevo libro sobre nuestra cultura medicalizada que te va a hacer caer de orto, pero realmente caer de orto, te lo aviso.
De a ratos dibujo pero para eso es necesario un estado especial de nada demandante alrededor, lo que ocurre una vez cada siglo. Para terminar el nuevo libro me mudé a bares anónimos pero me distraía mirando a la gente que discutía, hablaba por teléfono o se metía los dedos en la nariz. Una mañana caí en el café donde Sebreli garrapatea en forma febril sus pensamientos y tuve que irme porque si lo seguía mirando no avanzaba nada ese día y como efecto colateral tampoco durante la semana posterior. Mi amiga Gabriela me prestó su casa en Los Cocos, a donde me fui con mi chico durante diez días y ahí sí, en medio de la nada (sólo zorzales que entraban caminando por la puerta como Pedro por su casa y un zorrito de ojos luminosos que aparecía por las noches a comer sobras), sin humanos salvo mi chico que me cocinaba papas fritas, mate y tallarines con estofado y me ponía música durante el día y una peli a la noche, ahí sí lo terminé trabajando ocho horas por día.

Quiero ser santa

Entonces ya no hace falta hacer milagros? Yo creía que era un requisito ineludible pero se ve que tenía información desactualizada. Si es así de fácil yo quiero postularme porque salvo eso, tengo todo lo demás. Dónde se consigue el formulario?

martes, abril 01, 2014

Y si vuelvo?


miércoles, febrero 08, 2012

Llora por El Flaco

Yo estaba en Villa Gesell. Mis primeras vacaciones sola. Me sentía independiente y grande. Acababa de divorciarme de mi primer marido. Tenía 20 años.
Me pasaba los días en la playa, asándome bajo el sol para poder tener la piel como un papiro cuarenta años después. La protección solar no existía pero tampoco existía el agujero de ozono. Me metía en el mar y nadaba hasta que me dolían los brazos. Un día me alejé nadando demasiado o el agua me arrastró, no sé; la cosa es que me encontré muy lejos y ni por putas hacía pie. Nadé con todas mis fuerzas hacia la orilla pero en vez de acercarme me alejaba. Vi que la gente se agrupaba en la playa y levantaba los brazos. Me hundí una vez, dos veces, y me pareció sorprendente que ahogarse fuera tan sencillo. Yo pensaba que era dramático, espantoso, y sin embargo era así de fácil. Vi imágenes que alguna vez había visto pero todas a la vez, superpuestas como papeles de calco: caras conocidas, un colectivo 60, mi papá que sonríe, un árbol, una tormenta, un tanque australiano, una batata hecha a las brasas, los zapatos de ir al colegio, un vestido de piqué blanco bordado con cerezas, un lápiz mitad rojo y mitad azul, sin punta. Cuando me hundí por tercera vez unas manos me agarraron del pelo y me sacaron para arriba. Era un chico de mi edad. Me abrazó por la cintura y nadó con una mano hacia la orilla. Dos tipos venían en un bote a salvarnos. Nos colgamos de la borda. Era hermoso dejarse llevar con las piernas flojas flotando atrás y estar viva. Cuando llegamos a la orilla vomité agua salada varias veces. Nos quedamos como dos horas tendidos en la playa. Se llamaba Marcelo. Ahora debe ser un viejarro como yo, pero entonces era un flaquito precioso. Un poco ansioso y demasiado excitado por haber salvado a una chica, pero igual precioso.
Al día siguiente llegó mi amigo Ernesto. Alguien lo había llevado en un jeep Land Rover destartalado.  Apareció en la playa con una valijita y un disco en la mano. Me apuró para ir al hotel (Caniche se llamaba) porque quería que lo escuchara enseguida. Lo puso en el Winco del lobby (imaginate una época sin MP3 ni CDs, imaginate) y nos sentamos, yo en patas, con las piernas llenas de arena y el pelo mojado. El dibujo del sobre era horrible. Esa cara enferma, el lunar, los agujeros de la nariz, y la nariz larga y roja. Y el pañuelo ese a rayas.
Lo escuchamos todo ese verano y después durante el invierno lo llevé conmigo a todos lados donde hubiera un Winco hasta que el sobre de cartón se gastó y la cara horrible empezó a parecerme familiar y querida. Escribimos las letras en cuadernos, cantamos Laura va en los picnics y a cada rato nos encontrábamos con Del Guercio y con El Flaco en fiestas, de esas inocentes que se hacían entonces, pero ellos no cantaban. Eran más serios que nosotros; hablaban mucho, fumaban y miraban para afuera desde los balcones. Jamás me dieron bola.

domingo, enero 22, 2012

No creas que no estoy haciendo nada

Cuando me borro así es porque estoy haciendo muchas cosas. Además de pintar un camioncito de madera para guardar autitos, trasplantar plantas, hacer hijos de los cactus, lavar la ropa y hacer 11 prepizzas cuando hace 40 grados de sensación térmica, estoy embalada escribiendo/dibujando una especie de diario.
Tengo una pila (una auténtica pila) de libros a medio leer, en una cantidad tal que hasta a mí me está pareciendo exagerada (mirá la foto, a ver qué te parece) y tres libros a medio escribir: una novela, uno de relatos y otro sobre medicina. Estoy empantanada en los tres, perdida, sin poder avanzar con ninguno. Escribir me resulta un esfuerzo que me cansa, tal vez porque nunca me gusta lo que me sale de una. En cuanto está escrito, el texto se aleja de mí y se queda a una distancia que lo hace parecer escrito por otra persona. Lo leo y no lo entiendo o me suena tosco y pretencioso y podría corregir cada línea cien veces sin sentirme satisfecha. Los tres en los que estoy trabajando me parecen una garcha inconcebible. Pero cuando estuve en Los Cocos hace dos semanas escribí/dibujé un diario para contarle todo lo que habíamos hecho durante esos diez días a mi amiga que nos prestó la casa. Mientras lo hacía me daba cuenta de que era muy parecido a lo que hace Maira Kalman, pero me justificaba ante mí misma por plagiar su idea diciéndome que desde muy chiquita yo escribía/dibujaba en mi diario y cuando estaba de vacaciones y en las composiciones del colegio. Y a la noche con mi apá, después de comer, levantábamos la mesa y nos poníamos a dibujar los dos un rato largo y yo escribía siempre en los márgenes del dibujo.
Aunque algo esté no muy bien escrito, un dibujo completa lo que uno quiere decir. Y si tiene un dibujo cualquier texto suena menos pretencioso y menos comprometido. O no sé, pero sé que cuando escribo y dibujo a la vez puedo estar diez horas seguidas haciéndolo. Me siento alegre y cómoda como si esa fuera mi mejor manera de expresar lo que quiero.
Conocí a Maira Kalman cuando Tommy Barban me regaló uno de sus hermosísimos libros, The Principles of Uncertainty. Dijo que le hacía acordar a las acuarelas que publiqué en este mismo block bajo la etiqueta Birdwatching, en las que retraté a mis vecinos. Me quedé tildada leyendo y sobre todo mirando sus témperas. Y la última vez que fui a Nueva York justo había una muestra de ella, con todos sus dibujos, bordados y textos y un video en el que la pude ver, petisa, gordita y elegante, una rusa simpática que parecía argentina de tan desastre.
Bueno, al volver de Los Cocos me dije -Por qué no hacés eso, que es lo único que de verdad te gusta y te sale fluido? Corté muchos papeles de dibujo y de acuarela a un tamaño de 0.25 x 0.19 y estoy escribiendo/dibujando/pintando a mil todos los días. Hoy se me ocurrió que puedo ir subiendo acá lo que hago, no? Me va a dar un poco de paja escanear cada hoja, pero creo que lo voy a hacer, a ver qué te parece.

lunes, noviembre 21, 2011

Aquí están, estos son.


domingo, noviembre 13, 2011

La cara de orto y el mito de la Varita Mágica

Mucha igualdad de género, mucha corrección política, pero decime si hay algún tipo que no crea en el mito de la varita mágica. La idea es que si una mujer está irritable o enojada es porque le está haciendo falta ya sabés qué, y que con un abastecimiento correcto estaría como unas castañuelas todo el día.  No creas que es una convicción exclusiva de bañeros, personal trainers, vigilantes y muchachos del camión de la basura. En el fondo en el fondo todos los hombres creen que tienen ese poder guardado en el boxer y que si tan sólo pudieran aplicárselo un ratito a cada chica con cara de ojete, se acabarían las rezongonas y las malhumoradas. Se lo oíste decir a amigos, maridos, hermanos, padres y compañeros de trabajo, cuando se apiadan de esa chica a la que el marido no atiende como debería y sugieren que ellos sí se ocuparían de hacerlo con la responsabilidad de quien tiene que proveer un insumo vital. Sabés lo que le hace falta, dicen con una semisonrisa, pero lo creen en serio. La misma frase pero con cara de bragueta dicen los médicos serios cuando atienden a una mujer que es un catálogo de síntomas inclasificables o que está deprimida sin una causa aparente. En la guardia del hospital a esos casos se les llamaba Sindrome de Tafal de Gaver, imaginate, y se las despachaba sin más una vez comprobado que no tenían nada orgánico.
Lo de la varita mágica es un malentendido increíble entre mujeres y hombres. Los tipos deberían entender que cuando estás rayada nada te raya más que alguien que parece no registrar tu mala onda y se te acerca como si estuvieras loca por garchar con él. Pero no lo entienden.  En el consultorio escucho todos los días a hombres que se quejan de que su mujer no quiere cojer con la misma frecuencia que él y a mujeres que aunque aman a su marido no tienen ganas TODO EL TIEMPO. Los tipos tienen fiebre o dolor de cabeza o se les murió la madre y esa misma noche se les para igual, como si tuvieran un segundo cerebro con conexión independiente y directa.
Yo creo que es porque los hombres y las mujeres pertenecemos a dos especies distintas. Puede ser que nos complementemos, que coincidamos, que nos necesitemos como la ballena necesita al pajarito que le escarba los dientes o el helecho al árbol que le da sostén, pero en lo central somos diferentes, tanto como un helecho y un árbol, por no decir como un pajarito y una ballena.