viernes, marzo 28, 2008

No sé dónde lo leí o si me lo contaron.


Era una comida a la que estaba invitado Manucho Mujica Láinez. A las 11 de la noche todavía no había llegado. Silvina Bullrich estaba furiosa. Cuando Manucho apareció, totalmente despreocupado, diva como era, Silvina le dijo:


-Siempre llamando la atención, puto de mierda!

Sin perder la sonrisa Manucho le contestó:

-Calláte, gaucho con concha!

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Si te sirve...
Adolfo Bioy Casares cuenta en Descanso de caminantes, un libro basado en sus diarios íntimos: “Se reúnen escritores en una comida en honor a Mujica Lainez. El homenajeado se hace esperar; pasadas las once por fin llega, principesco y afectado, saludando lánguidamente con las manos anilladas. Claramente se oye la voz de Silvina Bullrich: ‘Tenía que llegar tarde, naturalmente, el maricón de mierda’. Interrumpiendo apenas los saludos, Mujica Lainez contesta en el acto, con voz clara: ‘Callate, vos, gaucho con concha'.

Anónimo dijo...

Jua juaa!!
Cosima

chicaenminifalda dijo...

Gaucho con concha...cuánto arte en ese insulto!

ememe dijo...

divino.

lolita dijo...

cuando tenias 25 años tenias hijos?

cuando creias que el mundo iba a ser diferente.

unapacota dijo...

la gente paqueta putea así

sobretodo en los cacerolazos

Maria dijo...

Manucho, un regio.

ememe dijo...

Anonymous,

tu versión es la exacta y es más bonita. es verdad, lo leí en Descanso de caminantes.

Lolita,

a los 25 años tenía un hijo de 1 año, J.
A los 27 tuve a mi hija A. y a los 36 a mi hija V. Mientras tanto creía que el mundo iba a ser diferente. No me equivoqué, pero fue diferente de una manera que no me había imaginado.

Anahí Lazzaroni dijo...

Cuando Manucho vivía sus boutades eran muy festejadas y reproducidas por la prensa de la época.

li dijo...

Manucho un grande!! original ..el gaucho.

Mascaró dijo...

Otro recurso de Manucho: Naturalmente, era convidado a cuanta presentación de libros, estreno de obras de teatro, de filmes, exposiciones de pintura, etc., y a las que cuando no tenía más remedio, iba.
Cuando se encontraba con el responsable, le daba un abrazo, y repetía invariablemente la misma frase:
"Muy tuyo, che, muy tuyo".