martes, febrero 19, 2008

Parrillada de vecinas


En cuanto la sensación térmica supera los 20 grados empiezan a aparecer en las terrazas llevando su lonita o su reposera, la revista Caras, una botella de agua y un cuerpo blanco entumecido por los meses de invierno. Se despliegan al sol y se quedan ahí achatadas como hamburguesas durante las horas que el ministerio de salud señala como las menos aconsejables si uno desea evitar un cáncer de piel. A ellas no les importa: entre las doce y las tres el sol pega más y el sacrificio de cagarse de calor se amortiza más rápido.

Algunas son ejemplares solitarios: jubiladas, señoras muy mayores que, como los tigres, ya no se preocupan por una arruga más o menos. Las jóvenes suelen venir de a dos o tres y se untan con pantalla solar unas a otras antes de rostizarse vuelta y vuelta.

En la terraza de enfrente acampa todos los mediodías de verano un grupo más bien ecléctico dirigido por una giganta que no le escatima ni un centímetro cuadrado al sol. Usa bikinis minúsculos de colores fluo y se desparrama sobre la reposera con las piernas bien abiertas para que el sol no se quede afuera. Los albañiles de la obra de al lado chiflan y lanzan gritos guaraníes cada vez que se acomoda los sufridos breteles del corpiño. Es increíble lo atentos que están a cada movimiento de la giganta. Temo por la seguridad de ese edificio una vez que esté terminado.

Las otras tres también adoptan posiciones inconcebibles con el objeto de que el sol les de en todos los órganos visibles. Dos de ellas parecen entrar en un coma profundo una vez que entran en contacto con la lona. Si no fuera por la giganta, que de vez en cuando se para –otra oleada de sapucais-, mete la mano en un balde y las salpica, se deshidratarían como hongos de pino irremediablemente.

La cuarta es bien minimalista. No lleva lona: se tira directo de panza sobre las baldosas chirriantes, ordena libros y apuntes alrededor, se pone anteojos y se sumerge en el estudio sin hablar con nadie. Uno deduce que no está embalsamada porque de vez en cuando da vuelta una hoja o tuerce una pierna o dobla un brazo para quemarse la parte de adentro. Por todo lo demás parece absolutamente indiferente a sus compañeras, a la giganta en jefe y al pueblo del Paraguay que la observa en silencio hasta que se levanta, junta sus papeles y desaparece por la escalera.


10 comentarios:

Lou dijo...

Mirá, completo con este relato que leí, y que resulta muy a propósito: http://orsai.es/2007/08/los_cuatro_albaniles_1.php


PD: El otro día soñé con vos. Eras rubia y alta. Una hija tuya presentaba un libro y firmaba autógrafos en una escalinata sobre la avenida Santa Fe. Llovía a mares y me decías de ir a tomarnos un té. Entrábamos al local y había que bajar una escalerita, como para el Teatro del Pueblo. Después no me acuerdo más.

ememe dijo...

gracias, lou, qué texto precioso! Es muy melancólico y muy dulce. me mató.

MaÑana serÁ oTro díA dijo...

digo yo, vos por casualidad no te habrás teletransportado a rosario, no??? suena igualiiiito igualiiito al edificio donde yo vivía de soltera con mis viejos (yo era un ejemplar de esos, te aclaro). dicen las malas lenguas que los personajes cambiaron, pero la novela sigue ahí en esa terraza. y se armaba cada una!! (que dejen de manguerear que me mojan la lonita, que yo dejé la reposera acá y alguien me la usó y la chivó toda... ). me hiciste nostalgiarrrrrrrrr... genial!

MaÑana serÁ oTro díA dijo...

lou: muy muy bueno el relato!

Anónimo dijo...

QUE PINTURA PETACULAR

Marie dijo...

yo supe tener, allá lejos y hace tiempo, una pelopincho 3 x 2 (hicimos cálculos estructurales a ver si la terraza soportaba) en mi casa en La Boca.
Un verano pintaron la medianera de un edificio adyacente y mi novio juraba que los pintores bajaban cada vez más despacio, que se la pasaban todo el día mirándome (o mirandonos, no sé) chapotear.
Después me sentaba a la sombra porque no me gusta el sol.

EmmaPeel dijo...

Me gusta el taco chino de una de las rostisadas

Fulvio Jácher dijo...

Usted lo llama Birdwatching.
Lo mío es como lo de los albañiles, instintivo voyerismo.

meki dijo...

Esta parrillada es uno de mis birdwatchings favoritos, Ememe.
Que lindo que hayas vuelto con esto. Igual se te extraña ao vivo.

Cosima dijo...

MM, qué delicia leerte. Gracias por la miniserie de birdwatching. Es muy lindo intuir tu bondad hacia los desposeídos- en este mundo cada vez más frío y desapasionado.