viernes, septiembre 01, 2006

No abuela


Los cinco dicen que no piensan tener hijos. Si cumplen, eso quiere decir que no voy a tener nietos. Cada uno aduce razones diferentes, todas respetables:

A.1 está casado desde hace varios años pero quiere dedicarse a su trabajo, que es muy exigente, y además vive en un lugar donde criar niños es complicado.

B.1 también vive con su mujer desde hace unos años. Ellos no descartan la posibilidad pero quieren pensarlo bien. Están haciendo una especie de residencia –es decir de práctica como hacen los médicos- con niñitos ajenos. Los cuidan, les cambian los pañales, les rompe los quimbos que griten y que ensucien y después deliberan entre ellos
–Qué haríamos en esta situación? –Quién se levantaría de noche a atenderlo si llora? Por ahora están investigando el tema. Tal vez tomen una decisión en el 2007, pero lo dudo. B.1 se sabe muy neurótico pero como además es muy serio y muy bueno no quiere fabricar nenes habiendo tantos ya fabricados, dice.

B.2 vive sola. Recambia novios con cierta nerviosidad y por causas que son invisibles al ojo humano. Es una actriz genial y es bella. A veces, cuando llora y se retuerce las manos en una de sus crisis de angustia, parece un hermano lindo de Humberto Tortonese. Cuando hace eso la abrazo, le muerdo suavemente la punta de la nariz, que es huequita y flexible y la aprieto mucho para calmarla y para exprimirle la locura. Cada nuevo novio conlleva durante los primeros meses el proyecto de tener hijos pero el rápido proceso de putrefacción de relaciones que ha perfeccionado hace que en pocas semanas eso quede totalmente olvidado. Durante los tres primeros novios yo creía ingenuamente que iría a concretarse. Me encontré mirando vidrieras de negocios de ropa para nenes y jugueterías y planeando cómo organizar mi tiempo para cuidar al bebe si me necesitaban. Ahora me hice escéptica. Cada vez que me cuenta que ahora sí ahora sí ahora sí ahora sí por fin mami es para siempre y vamos a tener hijitos, yo refunfuño: -Avisame cuando nazca.

A.2 vive solo. Es un guachito hermoso y un cocinero genial. Se hace el duro pero no hace falta mucha sensibilidad para ver que se trata de un ovillo de alambre de púa relleno de dulce de leche. Éste también hizo grandes planes de familia tipo al segundo día de dormir con una mina. Después descubrió que no es fácil convivir con alguien conservando la alegría de los primeros meses y se fue entristeciendo y sus planes fueron haciéndose más realistas. En A.2 tengo puestas grandes esperanzas: trabaja duro para ser un hombre grande y se muere de ganas de tener bebitos para educarlos bien. (Lo dijo así, educarlos bien, porque todavía no sabe que a los nenes se los ama, no se los educa, y que de todos modos, siempre sale todo mal).

Finalmente, B.3 vive con nosotros y parece la más alejada de la intención de reproducirse. Es muy chiquita, una pequeña bomba atómica de belleza e inteligencia por partes iguales, demasiado ocupada en vivir como para derivar un fragmento de interés a ningún otro rubro. Es re dura. -Conmigo no cuentes, no pienso tener hijos, cortála, me dice cada vez que me derrito frente a un bebe. Sin embargo ama amorosamente (eso existe, amar amorosamente) y cuida maternalmente a Z., su hermanito de 10 años.

Espero que no tenga hijos pronto, pero también espero que un día los tenga, por lo menos para que la estirpe de polacos chiflados que le dio origen no se desvanezca.

En síntesis, parece que ninguno de los cinco me va a dejar ser abuela.

Pero yo no me entrego: colecciono cosas lindas para mis nietos y tengo ya una bonita biblioteca para cuando se queden en casa mientras sus papás salgan. Guardé todos los libros de mis hijos cuando eran chicos, con sus ángulos babeados y mordisqueados. Son los que les leía, los que recitábamos haciéndonos los locos cuando yo era joven y ellos eran unos ratoncillos. Y encontré otros muy interesantes que pienso leerles y cuyos ángulos pienso dejarles babear y mordisquear.

Me siento como una de esas perras que no tienen hijos y se roban un cachorro ajeno y lo amamantan con sus tetas sin leche.

Mi perra Daga, en el éxtasis de su maternidad frustrada armaba nidos y robaba trapitos que cuidaba y lamía con un frenesí desesperado, como si fueran perritos pero con un tinte bizarro, patológico.

Mi abuelismo postergado no es lo mismo pero se le parece un tanto. Acá hay una foto de la biblioteca para nietos que armo en secreto desde hace años en un huequito de la biblioteca general.

En realidad me gusta que los cinco se nieguen a obedecer el mandato de reproducirse. Me gusta que se resistan a acatar el arquetipo social y los deseos maternos. Los apoyo, los entiendo, admiro que sean tan claros y tan serios para tomar decisiones importantes. Yo no fui así. Nunca tuve las cosas tan claras. Actué como una chanchita, como una vaquita, sin pensar más que en el mandato de la especie. Me dejé llevar como un aguaviva por las olas. No me arrepiento para nada, pero cuánto más sabias que yo son estas cinco personas.

3 comentarios:

B2 dijo...

Por qué los libritos están en alemán?

ememe dijo...

Están en alemán los que están adelante porque son más chicos. Los que están ordenados más atrás están en español.
Algunos alemanes chiquitos fueron comprados en Berlín y otros son regalos de una amiga alemana. Los tengo porque cuando era chica la abuela alemana de mis primos nos leía esos cuentos sádicos de niñitos que desobedecen y son castigados con muertes horribles. A mí me aterrorizaban y ahora es como un exorcismo mirarlos y no tener más miedo. No pienso leerles esos cuentos a mis nietitos cuando sean chicos. Cuando sean grandes sí, porque les va a dar risa.

Ana C. dijo...

¡Quién sabe si son sabios! Hay como una actitud antihijos en los argentinos en edad de reproducirse que a mí me parece tan artificial, como si se estuvieran forzando a hacer algo a lo que a mí me cuesta encontrarle el sentido.

Yo me muero de la depresión si no llego a tener nietos.