domingo, febrero 18, 2007

Tres respuestas



Cuando digo que tengo una iguana la gente pregunta invariablemente dos cosas: qué come y cómo caga. Es curioso que esas sean las dos primeras curiosidades que despierta. La tercera inquietud es acerca del tamaño y cuando señalo en el aire un metro todos se asustan porque lo imaginan como a un pequeño cocodrilo. Pero en realidad, de ese metro 70 centímetros son cola y sólo 30 son cuerpo asi que no es tan impresionante. Come sólo verduras. Se despierta muy temprano, en cuanto entra luz al cuarto, y se descuelga por las cortinas (que ya están hechas jirones). Se pasea por todos lados impaciente por comer hasta que llego con su platazo. Me encanta preparárselo. Voy variando las verduras para que no se aburra: mezclo rúcula con espinacas, con rodajas de zapallitos y de pepinos, con perejil y con unos pedazotes de frutas bien maduras. A veces le agrego un poco de pan integral, o un quedo de fideos o de arroz para que se entretenga porque eso es lo que más le gusta. En realidad odia las verduras; las come con muy pocas ganas. En cambio, huele una milanesa o un cacho de queso y sale disparado a manducárselo todo. Hay que atajarlo cuando comemos esas cosas porque se trepa a la mesa, patalea sobre los platos y abre la boca como un tiranosaurio para comerse todo lo que hay. Bueno, eso es lo que come. Ideé un sistema hidráulico anti hormigas que consiste en una bandeja grande con agua en la que se pone el plato propiamente dicho. Queda como una cosa medieval, como un foso alrededor de un castillo y cumple dos funciones: evitar que las hormigas se metan en el plato y servir como fuente de agua para Alonso. Me sentí muy ingeniosa cuando lo inventé. Sobre la segunda pregunta debo decir que caga como un gran pájaro, esa mezcla marronácea y blanca que hacen las palomas. La parte blanca es el pis. Es muy prolijo: siempre hace a la misma hora y en el mismo lugar, que le enseñé con el método pavloviano de llevarlo todos los días al mismo lugar y dejarlo ahí hasta que cagara. En verano sale a su lugar cercado del balcón y garca en una maceta y en invierno va al baño de los chicos. Trata de embocar el culo sobre la rejilla pero casi nunca emboca justo y termina garcando en el piso. Por suerte no huele a nada o huele muy poco, asi que no me molesta nada limpiarlo. Es muy gracioso verlo cuando llega la hora: pasa muy apurado hacia el balcón o hacia el baño con cara circunspecta y si la puerta está cerrada, se queda esperando con una increíble cara de ojete recriminatoria. Yo me lo imagino como esos viejos en las pensiones, con una toalla al hombro y un rollo de papel higiénico en la mano, tratando de conservar la dignidad mientras va corriendo al baño común.

5 comentarios:

b.5 dijo...

perdón, pero sí tiene olor.

b.3 dijo...

ah, no b.5 no existe. b.3, b.3.

ememe dijo...

bueno, a veces tiene un leve olor, pero vegetal, que no es tan grave.

Anahí Lazzaroni dijo...

En la mayoría de las casas son los hijos/as los que defienden a los animales domésticos y las madres se quejan. Ustedes son al revés.

ericz dijo...

Yo también tengo una plantación de ginkgo en maceta. bss!