lunes, enero 01, 2007

Todos los rituales de fin de año me salieron deformes



1. Ritual de la bombacha rosa. Mi mamá rompe los quimbos con el asunto de la bombacha rosa. En octubre ya empieza a preguntar quién le va a regalar una, si ya me regalaron, a quién hay que comprarle, de qué tamaño, y eso se extiende hasta el mismo 31 a la noche. En noviembre me regaló una y yo, presionada por ella, compré tres o cuatro más para todas las Nenas de la casa y alguna extra para una posible invitada desbombachada y las guardé en una caja. Pero el sábado vino Visitación a planchar y cuando se iba le pregunté si tenía bombacha rosa. Me dijo que no y que iba a comprar una mientras volvía a su casa. Pero para que actúe debe ser regalada, así que le di una de las que estaban en la caja. Cuando me bañé y me petalicé preparándome para la fiesta y llegó el momento de ponérmela, descubrí que le había regalado la mía. Durante la noche mamá me preguntó tres veces –te pusiste la bombacha? y yo, como ese personaje bíblico que no sé quién era, le mentí las tres veces. Todo el tiempo pensaba si me iba a traer mala suerte no tener la puta bombacha rosa.

2. Ritual de las doce uvas. Con ése rompo los quimbos yo. Me encanta la idea de concentrarse y pensar 12 deseos para el año nuevo. Esta vez había pasas rubias, negras y bañadas en chocolate. Me había olvidado de comprar uvas frescas. Las puse en la mesa, en el balcón, pero nadie les daba bola. Yo traté de hacerlo como a las 12 y media pero tenía ganas de comer pasas de uvas y las comía sin ganas y además me distraje y perdí la cuenta. No sé si comí 9 o 16, pero sobre todo no tenía taaaantos deseos para pedir. Creo que en el deseo seis se me acabó la imaginación y empecé a repetir los mismos, pero entonces me preguntaba si pedir dos veces lo mismo no anularía los dos, como pasa con eso de - x - = + y + x + = +.

3. Ritual de brindar mirándose a los ojos. Todos nos atropellamos con las copas porque algunos creen que hay un orden que indica una preferencia o más amor, o algo, y se ponen celosos. Era difícil mirar al compañero brindador porque al mismo tiempo otro lo estaba incitando con su copa, como esos bailes nupciales de las cacatúas, entonces algunos exigían repetir el brindis, pero esta vez mirándose fijamente con la cara de loco que se le pone a uno en esos casos. Brindé como cuatro o cinco veces con cada uno, hasta que el champagne estuvo tibio.

Todo lo demás también salió mal.

1. Me olvidé de sacar el salmón del freezer una hora antes para que se pusiera rico. Lo saqué cuando ya estábamos por comer y lo descongelé a patadas con agua tibia. Parecía un nuevo sabor de Freddo.

2. Éramos siete y teníamos sólo seis copas de champagne, pertenecientes a cuatro juegos distintos de distintas eras geológicas. Uno tomó en una copa estrafalaria heredada de una tía muy kitsch.

3. El postre era dos kilos de cerezas bien frías con hielo. Nadie las probó, no sé por qué. Yo los arengaba para que las comieran, pero todos se resistían, como Alonso cuando se niega a ser vegetariano y le hace cara de asco a la espinaca. Entonces les di helado que había quedado en el freezer desde Navidad.

4. El vithel tonné quedó maso. La salsa estaba medio durañona y vedia y las horas de la heladera le dieron un aspecto medio mortuorio. Igual a todos les gustó mucho.

5. Esta vez las recagué a las hormigas: dejé todo en la heladera hasta el minuto final y se quedaron con hambre. Yo vigilaba que no atacaran el turrón, pero ni aparecieron. Deben estar haciendo la digestión de la panzada que se dieron en Navidad.

7 comentarios:

Menta dijo...

Me cague de risa con tu post! Me siento tan identificada con el ritual de la chabomba rosa... Beso

ememe dijo...

Sí,es hartante. Tengo miles de bombachas rosas que odio, de algodón, con encajes chotos. Jamás las uso pero me da cosa tirarlas. Nunca me compraría una bombacha rosa si no fuera por los fines de año. Me parecen de conchuda.
Por qué no hacemos algo con ellas? Donarlas a una institución, o dárselas a Marta Minujin para que haga una instalación?

Menta dijo...

Me gusta lo de Marta Minujin. Tal vez a fin de año inaugura el monolito a la bombacha rosa, con fuegos artificiales y aguas danzantes y se me ocurre que hasta con musica de Ricky Maravilla. O podrias tambien hacer una proclama del tipo "El dia de la bombacha rosa", entonces seriamos millones de mujeres frustradas con millones de bombachitas agitadas al viento. Una suelta de bombachas no estaria nada mal...

ememe dijo...

Dale, menta, hagamos una convocatoria, todas entregamos las chabombas rosas de todos estos fines de año y forramos con ellas el obelisco! O algo así.

Nessie dijo...

recibí dos bombachas rosas y las dos pequeñas para mi XL de caderas... ;) he vuelto a la web y quería decirte FELIZ AÑO, estoy segura que trabajo cerca de tu casa, porque siempre paso por el cartelito violeta de yoga fuerte-suave ;) beso grande!

ememe dijo...

Qué bueno si un día nos encontramos, nessie!
Yo ando callejeando todo el día, o todas las mañanas, por lo menos, porque a la tarde estoy embutida en el consultorio.
Qué vas a hacer con las dos bombachas XS? Tendrías que dárselas a una amiga de culo chico.
Yo tengo una amiga culona que tiene gomas chicas y cuando compramos bikinis compramos dos iguales, una L y una M. Ella me da el corpiño L y yo le doy el M y nos armamos un bikini asimétrico para cada una.

Nessie dijo...

buenísimo lo del intercambio de prendas!! tendría que hacer lo mismo con alguna amiga! en cuanto me ordene un poco el comienzo del año ¡que marche un café en medio de la callejeada!